La mayor parte de la comunicación humana tiene que ver con el lenguaje corporal, especialmente con los gestos faciales. Cada vez que vemos la cara de alguien, obtenemos una gran cantidad de información sin mucho esfuerzo: su edad, género, raza, expresión e incluso su estado de ánimo.

Así, estamos programados biológicamente para el reconocimiento facial, ya que eso nos permite establecer interacciones con nuestros pares. Sin embargo, hasta ahora, la comprensión de este mecanismo era prácticamente un misterio.

Ahora, gracias a una investigación reciente, se sabe que inclinar la cara 45 grados podría facilitar el contacto visual y la interpretación de los gestos faciales. Esto podría ayudar a las personas que tienen déficits en esta capacidad, como las personas con autismo.

Rotar la cara puede favorecer mejores interacciones sociales

El ser humano es una especie social. Por tanto, estamos dotados para recibir información de los demás gracias a sus gestos faciales y al reconocimiento de las señales paraverbales. Un aspecto de suma importancia en este tema es el contacto visual.

Cuando las personas son incapaces de establecer contacto visual, les resulta sumamente difícil procesar sus gestos faciales, lo que representa una gran desventaja social. Asimismo, estas personas suelen percibirse como desinteresadas o distraídas, lo que entorpece las interacciones sociales.

Al respecto, diversas investigaciones han demostrado que las personas se centran en el lado izquierdo de la cara de aquellos con los que interactúan. Esto se debe a que el hemisferio derecho del cerebro es el encargado del procesamiento visual.

Adicionalmente, se ha observado que a las personas les resulta sumamente difícil interpretar los gestos de una cara que se encuentra al revés o cuando se encuentra rotada. A fin de investigar esto, un equipo de científicos empleó tecnología de seguimiento ocular mientras exponían a los participantes de un estudio a fotografías de caras con diferentes grados de inclinación.

De esta forma, se descubrió que el sesgo de mirar el lado izquierdo de la cara se desvanecía cuando el rostro se inclinaba unos 11 grados fuera del centro. Cuando esto ocurre, el foco de atención pasa hacia el ojo superior de la cara que se observa; es decir, el ojo que se encuentra más arriba.

Estos resultados pueden mejorar las interacciones sociales de las personas con autismo

Usar este truco puede favorecer una mejor comunicación entre las personas.

Tras llevar a cabo el experimento, los investigadores descubrieron que al rotar las caras, las personas cambian el foco de atención desde el lado izquierdo del rostro hacia el ojo que se encuentra en una posición superior.

Esto ocurre a partir de una rotación de 11 grados y alcanza su punto de máxima potencia cuando la rotación es de 45 grados. Al ocurrir esto, a las personas les resulta más sencillo interpretar los gestos faciales de la persona con la que interactúan. Por su parte, cuando la rotación alcanza los 90 grados, la comprensión de las expresiones faciales se entorpece significativamente.

Sobre esto, los investigadores explican que la inclinación de la cara hace que las personas se centren en los ojos del otro, por lo que les perciben más accesibles y menos amenazadores. Esto facilita las interacciones sociales.

Finalmente, se plantea que estos resultados pueden tener implicaciones terapéuticas para las personas que tienen dificultades para la interpretación de los gestos faciales, como las personas con autismo.

En este sentido, los investigadores se han propuesto determinar si las personas con esta condición se sienten más cómodas al interactuar con imágenes de rostros rotados y si esta inclinación favorece una mejor comprensión de las expresiones faciales.

Referencia: The Upper Eye Bias: Rotated Faces Draw Fixations to the Upper Eye, (2018). https://doi.org/10.1177/0301006618819628