El astronauta de origen ruso Oleg Kononenko, quien hizo acto de presencia en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) el pasado 3 de diciembre, ha iniciado un estudio para imprimir tejidos vivos utilizando una ‘bioimpresora 3D’, por primera vez en el espacio exterior.

Según un comunicado de la agencia espacial rusa Roscosmos, los primeros resultados del estudio han mostrado que es posible llevar a cabo la construcción orgánica de la glándula tiroides de un ratón en condiciones de gravedad cero.

La bioimpresora fue creada por la firma médica Invitro, y el objetivo tras el estudio de Kononenko es ver la forma en que la microgravedad del espacio influye en el desarrollo de los órganos y tejidos vivos. De esta forma, se busca ampliar el número de viajes espaciales en el futuro cercano.

Al parecer, el estudio debía realizarse en octubre pasado, pero un fallo de refuerzo en la nave espacial Soyuz MS-10 que transportaba la impresora 3D ocasionó el retraso, obligando a la tripulación a abortar la misión. En ese momento, Nick Hague y Alexey Ovchinin, miembros de la tripulación, escaparon sin sufrir daños, pero no pudieron evitar que la impresora sufriera daños considerables.

Luego del accidente, los investigadores crearon una copia de respaldo de la configuración de la bioimpresora y Kononenko recibió la capacitación necesaria para utilizarla. El pasado 3 de diciembre, la sonda fue lanzada nuevamente, y los primeros experimentos de impresión se realizaron durante los últimos días.

No es usual que la agencia Roscosmos colabore en proyectos con firmas privadas dedicadas a la actividad espacial, pero en el comunicado revela que esto comenzará a cambiar en el futuro. Por su parte, la NASA también planea llevar a cabo experimentos de ‘bioimpresión’ durante el primer semestre del próximo año, pero como ambos países no dejan de competir en cualquier campo, Rusia se dará el lujo de haberlo realizado primero.

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