La mayoría de las personas, cuando ven una criatura que les despierta mucha ternura, como un cachorrito o un bebé, siente la necesidad de apretarlo, abrazarlo, pellizcarlo y hasta morderlo. No por nada, las personas suelen pellizcar las mejillas de los bebés.

Esta respuesta se conoce como agresiones tiernas y funcionan como un mecanismo de compensación cerebral ante reacciones exacerbadas de ternura. Al respecto, recientemente, un equipo de investigadores ha puesto a prueba esta respuesta cerebral, lo que les ha permitido identificar las partes del cerebro involucradas.

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La ternura puede implicar una sobrecarga emocional

Estas reacciones se producen ante criaturas tiernas e indefensas, como cachorros y bebés.

En ocasiones, cuando la ternura de una criatura nos desborda, sentimos deseos de apretarla, morderla y abrazarla fuertemente. Esto se denomina agresiones tiernas y, aunque suene paradójico, no tiene nada que ver con el deseo de causar daño. Más bien, según los expertos, esta reacción promueve mejores conductas de cuidado hacia esas criaturas.

A pesar de ser un fenómeno bastante frecuente, hasta el momento, son pocas las investigaciones sobre este tema. En este sentido, un equipo de investigadores trabajó con 54 personas con edades comprendidas entre los 18 y los 40 años, con el objetivo de analizar los correlatos neurofisiológicos de las agresiones tiernas.

Para ello, se emplearon métodos de electrofisiología, lo que les permitió evaluar la actividad cerebral de los participantes mientras eran expuestos a 128 de bebés tiernos y animales adorables.

Adicionalmente, luego de exponer las imágenes, los investigadores entrevistaron a los participantes en torno a su experiencia. Específicamente, se les preguntó sobre las sensaciones que habían despertado las imágenes y si se sentían obligados a cuidar de las criaturas que habían visto.

En líneas generales, se encontró que no todas las personas experimentan estas reacciones de la misma forma. En este caso, algunos participantes se mostraron más susceptibles a percibir agresiones de ternura, mientras que otros reportaron que nunca habían experimentado estos sentimientos.

Específicamente, 64% de los participantes afirmó haberse sentido abrumados por este sentimiento, mientras que 74% confesó haber satisfecho estos deseos en algún momento. Es decir, estos participantes reportaron que en algún momento terminaron apretando y pellizcando dulcemente alguna de estas criaturas que les despertaba gran ternura.

Por esta razón deseamos apretar criaturas que nos dan ternura

Tal como vemos, en algunas personas, la ternura despertada por alguna criatura adorable puede ser tan abrumadora que se producen sentimientos de agresión. No obstante, estas agresiones pueden ser benignas, pues se manifiestan a partir de fuertes abrazos y mordidas suaves que no pretenden hacer daños.

En el experimento, las imágenes que causaron estas reacciones de forma más intensa fueron las de bebés humanos. Ante estas, los participantes manifestaron sentirse abrumados por la ternura, lo que promovió altos niveles de agresiones tiernas y un fuerte deseo por cuidarles.

Por su parte, al analizar los correlatos neurológicos de este fenómeno, se descubrió que estas reacciones se asocian a la activación de las estructuras cerebrales encargadas de la percepción de recompensas y de los centros emocionales en el cerebro. En este sentido, se plantea que las agresiones tiernas se corresponden con respuestas neurológicas complejas que involucran varias partes del cerebro.

Las agresiones tiernas nos ayudan a ser mejores cuidadores

Una manifestación frecuente de estas reacciones son los pellizcos en las mejillas de los bebés.

Sobre la base de esto, los investigadores plantean que las agresiones de ternura evitan una sobrecarga emocional ante criaturas adorables, lo que nos haría incapaces de prestarles los cuidados necesarios.

En pocas palabras, las agresiones tiernas funcionan como respuestas compensatorias a nivel cerebral que funcionan como un escudo emocional, protegiéndonos cuando algo nos resulta abrumadoramente tierno. En este caso, estas respuestas evitan que el sistema de recompensas se salga de control.

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A modo de ilustración, si una persona se siente abrumada por la ternura de un bebé, es poco probable que le preste los cuidados necesarios, poniendo en riesgo su vida. Por tanto, el cerebro activa reacciones totalmente opuestas, como la agresión, evitando esta sobrecarga de ternura.

Finalmente, los investigadores se han propuesto descubrir qué factores hacen que unas personas sean más susceptibles que otras a estas reacciones y cuáles son los estímulos que desencadenan agresiones tiernas más intensas y con mayor frecuencia.

Referencia: “It’s so Cute I Could Crush It!”: Understanding Neural Mechanisms of Cute Aggression, (2018). https://doi.org/10.3389/fnbeh.2018.00300

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