Es época de Navidad. Esto implica la puesta en marcha de un sinnúmero de tradiciones que sirven para honrar estas festividades. En este caso, cada cultura tiene una forma distinta de celebrar estas fechas.

Por poner un ejemplo, para los cristianos se celebra el nacimiento del niño Dios. Mientras tanto, para los judíos se festeja el Janucá, el milagro de la vasija de aceite que ardió por ocho días. De esta manera, son muchas y muy diversas las tradiciones de cada cultura; desde adornar un pino, ir a encuentros religiosos, celebrar en familia, dar regalos entre otros.

Algunas de estas tradiciones son más conocidas que otras. Sin embargo, podemos encontrar muestras culturales de navidad que nos dejarían con la boca abierta. Esto incluye golpear un tronco de navidad que defeca regalos, aprovechar las fiestas para resolver las disputas personales a golpes, entre otros. A continuación te presentamos cinco de las tradiciones de navidad más extrañas del mundo.

Un tronco que defeca regalos de Navidad

Así se ve el Tío de Nadal.

Los catalanes tienen una curiosa tradición de navidad que consiste en golpear un tronco hasta que defeque regalos. Este tronco, llamado Tío de Nadal, suele ser adornado con una cara pintada, piernas de palo y el típico sombrero rojo de Cataluña.

Así, durante las fiestas, los niños se encargan de golpear el tronco hasta que salgan regalos de su interior. Esta tradición se origina en España, especialmente en las regiones de Aragón y Cataluña.

Específicamente, la celebración inicia el 8 de diciembre con motivo de la Fiesta de la Inmaculada Concepción. A partir de ese día, los más pequeños de la casa deben alimentar al tronco llenando su saco con nueces, frutos secos y trozos de comida sobrante. También, deben ofrecerle ciertas atenciones, como cubrirlo con una manta para asegurarse de que se mantenga fuerte y caliente para la Navidad.

De esta manera, durante la víspera de la Navidad, las familias se reúnen en torno al Tío de Nadal y lo golpean con palos. Si ha recibido las atenciones merecidas, el tronco defecará golosinas y otros comestibles, además de juguetes. Todos estos regalos son compartidos por la familia mientras disfrutan de su compañía.

Esta tradición tiene su origen en épocas agrícolas cuando se celebraban rituales de fuego y ofrendas de comida para los antepasados. Con el paso del tiempo, la quema del tronco se transformó en esta práctica, manteniendo el simbolismo del regalo del calor y la luz que provenían de la leña al ser quemada.

Los niños secuestran a sus padres para exigir sus regalos de Navidad

En regiones de Europa, los niños secuestran a sus padres durante Navidad para recibir sus regalos.

Podría decirse que los niños de la parte occidental de la península balcánica, en Europa, son los primeros en recibir sus regalos de navidad. En los territorios de la antigua Yugoslavia, dos semanas antes de la Navidad, los niños tienen una tradición de secuestrar a sus madres hasta recibir sus regalos.

Específicamente, según la tradición, los niños deben atar a sus madres y cantarles canciones típicas de las fiestas, hasta que les entregan los regalos a cambio de su libertad. No conforme con ello, una semana después, repiten esto con los padres.

En este caso, secuestran a sus padres y cumplen el mismo procedimiento hasta que se muestran dispuestos a entregar más regalos.

El tenebroso compañero de Santa Claus

Este es el aspecto del Krampus.

Es bien sabido que si los niños quieren recibir sus regalos de navidad, deben portarse bien durante el año. Sin embargo, esta historia tiene una contraparte oscura. La mayoría de las veces se le dice a los pequeños de la casa que si no se portan bien, no recibirán sus regalos; pero para los niños de las regiones alpinas de Europa, las consecuencias pueden ser mucho peores.

Así como Santa Claus premia a los niños buenos, aquellos que se han portado mal, serán visitados por un demonio peludo y malvado llamado Krampus. No solo eso, sino que, según la leyenda, este demonio los secuestrará y los arrojará a las profundidades del infierno.

Específicamente, en algunas regiones de Europa, se cuenta que Santa Claus tiene un diabólico compañero que castiga a los niños que se portaron mal durante el año. El Krampus, es un demonio de grandes cuerpos, ojos saltones, cuerpo peludo y con una boca llena de sangre, además de una larga lengua.

Según la tradición, todos los años, el 5 de diciembre, inicia una especie de celebración de dos semanas, llamada Krampusnacht en la que el monstruo recorre las calles haciendo sonar campanas y cadenas oxidadas para asustar a los niños.

El origen de esta leyenda se remonta a las épocas paganas germánicas, en la que los hombres jóvenes de los pueblos se vestían como un demonio y recorrían las calles para asustar a los fantasmas del invierno. Los padres aprovechaban esto para convencer a los niños de que si no se portaban bien, el demonio los visitaría durante la Nochebuena.

Así, esta tradición se convirtió en una coacción para asegurar un buen comportamiento infantil. En la actualidad, esta tradición se celebra en Austria, Alemania, Eslovenia, Hungría y la República Checa. De hecho, algunos de los rituales asociados son considerados como un patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO.

La cabra de Gävle

Todos los años cabra de Gävle es víctima de actos vandálicos.

Todos los años, un mes antes de la Navidad, en una ciudad de Suecia, llamada Gävle, se construye una cabra gigante. Los días posteriores a esto, como si fuese una tradición, los ciudadanos de Gävle hacen todo lo humanamente posible para quemar y destruir esta cabra.

Esta cabra es una versión gigante de la cabra de Yule, una tradición sueca de Navidad en Suecia y otros países aledaños que se ha mantenido a lo largo de los años. No obstante, la cabra de Gävle data desde el año de 1966 como una estrategia para atraer clientes a los negocios que se encuentran al sur de la ciudad.

A partir de ese año, la cabra de Gävle ha representado un símbolo de la Navidad que se construye todos los años en el mismo lugar. No obstante, hay una tradición paralela en torno a este símbolo que implica su destrucción.

Desde hace unos 50 años, los ciudadanos de Gävle han logrado quemar la cabra en 37 ocasiones. En otras oportunidades ha sido golpeada y hasta arrojada al río. De hecho, en el año 2016, la cabra no logró durar intacta ni 24 horas.

En este punto, vale aclarar que la destrucción de la cabra no forma parte de la tradición oficial. Sin embargo, tras reiterados episodios de destrucción, parece que no todo el mundo es consciente de ello.

En este sentido, en el 2001, un turista americano decidió prenderle fuego a la cabra pensando que esto era parte de los rituales normales. No obstante, la gracia le valió 18 días en la cárcel.

Así, la mayoría de las veces, la cabra es destruida en la clandestinidad, por lo que los autores materiales pasan desapercibidos. Hasta el momento, tan solo cuatro personas han recibido una condena por actos vandálicos contra este símbolo.

En atención a esta práctica, las autoridades han intentado proteger la cabra de diversas formas. Se han usado vallas metálicas, cámaras de seguridad y guardias policiales. Aun así, las personas siguen teniendo éxito en su objetivo de destruirla.

Incluso, cuando las personas que financian su construcción se dedican a reconstruirla luego de los daños, las personas vuelven a destruirla. Por tanto, parece que tanto la construcción de la cabra de Gävle como los actos vandálicos cometidos contra ella, son parte de una curiosa tradición de navidad en Suecia.

Resolver tus problemas a golpes durante Navidad

El 25 de diciembre, los habitantes de Santo Tomás, en Perú, resuelven sus disputas a golpes.

Teóricamente, la Navidad es una época de paz, unión y reconciliación. No obstante, el 25 de diciembre es una fecha que muchos esperan en una ciudad del sur de Perú, llamada Santo Tomás, para arreglar sus disputas a golpes. En esta localidad, cada 25 de diciembre se celebra el Takanakuy, lo que se traduce como “golpearse entre sí”.

Así, la tradición indica que en caso de alguna rencilla personal, ese es el momento de limar las asperezas a puño limpio en la plaza de toros del pueblo. En caso de que el adversario acepte el desafío, se inicia la pelea.

Cuando esto ocurre, las reglas son bien específicas: solo valen puños y patadas; está expresamente prohibido sujetarse, atacar por la espalda, tirársele encima al adversario o continuar golpeándolo cuando ha caído al suelo.

Así, las peleas suelen durar unos tres minutos y terminan con los peleadores abrazándose, pues la lucha implica ponerle fin a los conflictos. De acuerdo a los expertos, esta tradición tiene su origen en los tiempos coloniales.

Durante esta época, los colonizadores españoles hacían pelear a sus esclavos a modo de diversión durante estas fechas. Una vez finalizada esta época, el Takanakuy se fusionó con otra tradición llamada Huaylia, que implica cánticos y danzas para celebrar la resistencia Inca.

De esta forma, el Takanakuy se transformó en una estrategia para resolver conflictos personales y mantener vivo el espíritu guerrero de los pobladores de esta región. En este caso, la noche previa a las peleas, los pobladores bailan, cantan y beben en las casas de los auspiciantes de la celebración, es decir, los padrinos.

Así, el 25 de diciembre a mediodía, todos los ciudadanos asisten a la plaza de toros de la comunidad. Para ello, usan máscaras de lana, botas y tocados de animales disecados, al tiempo que bailan, cantan y gritan imitando el sonido de los gallos.

Las peleas son totalmente voluntarias; sin embargo, si el convocado rehúye del desafío, estaría aceptando implícitamente la superioridad del adversario. Aunque cabe la posibilidad de que un amigo o familiar decida defender el honor del convocado. Incluso, han ocurrido casos de familias enteras que se enfrentan entre sí a fin de arreglar sus disputas.

Así es como, todos los años, durante Navidad, algunas pobladores de una localidad peruana, deciden solucionar sus problemas personales a puño limpio. Todo sea por lograr la paz.

Referencia: The Krampus in Styria. https://doi.org/10.1080/0015587X.1958.9717121