El autismo es un trastorno del desarrollo de gran prevalencia a nivel mundial. Aún más, se ha observado que anualmente aumentan los casos de niños que reciben el diagnóstico de esta condición. Por esta razón, los investigadores se han preocupado por estudiar el autismo, sus causas y posibles tratamientos.

No obstante, la mayoría de las investigaciones se centran en los aspectos sociales y conductuales del autismo, dejando de lado los problemas sensoriales que caracterizan a esta condición. En este caso, recientemente, un equipo de investigadores ha usado mosquitas de la fruta como modelo experimental para estudiar la relación entre los problemas sensoriales característicos del autismo y la mencionada condición.

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Los problemas de procesamiento sensorial son característicos en el autismo

Como es sabido, las personas con autismo suelen tener problemas a la hora de procesar los estímulos sensoriales, bien sea por exceso o por déficit. En este sentido, una característica del autismo es la hipersensibilidad ante diversos estímulos sensoriales o la falta absoluta de sensibilidad.

De esta manera, estímulos cotidianos, que muchas veces pasamos desapercibidos, tal como un teléfono sonando, la bocina de un coche, la textura de la ropa o las luces fluorescentes, pueden resultar bastante irritantes o insoportables para las personas con autismo.

No obstante, a pesar de que este es un indicador sumamente frecuente para el autismo, es de las características menos estudiadas de la condición; en este caso, la mayoría de las investigaciones suelen centrarse en los aspectos cognitivos, conductuales y sociales del autismo. Esto implica que existen limitaciones serias a la hora de desarrollar tratamientos que permitan abordar adecuadamente estos problemas sensoriales.

Así, para llenar este vacío de conocimientos, un equipo de investigadores ha analizado la relación entre los genes asociados al autismo y los problemas sensoriales; para ello, utilizaron mosquitas de la fruta como modelo experimental.

En este punto, vale acotar que se eligió a las mosquitas de la fruta como modelo porque, a pesar de las diferencias entre estos insectos y los seres humanos, las moscas de la fruta comparten aproximadamente el 75% de los genes causantes de enfermedades con seres humanos. Además, son fáciles de modificar genéticamente y son sencillas de conseguir para la investigación.

Mutaciones genéticas asociadas al autismo predisponen a las dificultades de procesamiento sensorial

La mayoría de las personas con autismo sufren de problemas con el procesamiento sensorial de diversos estímulos.

Específicamente, los investigadores aislaron un gen asociado con el autismo y otros trastornos del desarrollo y, empleando un paradigma electrofísico, se evaluaron las respuestas cerebrales se las mosquitas de la fruta a estímulos como luces parpadeantes y patrones visuales en distintas frecuencias.

Así, se observó que las mosquitas de la fruta modificadas genéticamente para tener mutaciones genéticas asociadas con el autismo mostraron similitudes con las personas con autismo cuando se examinaron sus respuestas cerebrales. En pocas palabras, se mostraron resultados semejantes entre ambas especies.

Algo que llamó la atención de los investigadores, fue la semejanza entre personas y mosquitas de la fruta en torno a las diferentes respuestas que se emiten ante los estímulos sensoriales en función de la edad. Tal como se sabe, los problemas sensoriales en las personas con autismo se van haciendo más leves a medida que envejecen.

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En esta oportunidad, al medir las respuestas cerebrales de mosquitas de la fruta modificadas genéticamente en diferentes etapas de desarrollo, se mostraron patrones similares a los observados en el ser humano. Esto sugiere que en ambas especies, el cerebro procesa la información sensorial de forma distinta de acuerdo a las etapas de desarrollo en particular.

Finalmente, los investigadores aseguran que estos resultados son un acercamiento a la comprensión del por qué las personas con autismo procesan la información de forma tan distinta. Sin embargo, aún faltan más investigaciones para comprender a cabalidad este fenómeno.

Referencia: Autism sensory dysfunction in an evolutionarily conserved system, (2018). https://doi.org/10.1098/rspb.2018.2255

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