En los últimos años se ha relacionado el entorno físico o social de una persona con su bienestar.

Una plétora de investigaciones muestra que el estrés desgasta el cuerpo y compromete el sistema inmunológico, induciendo a mayor vulnerabilidad a enfermedades y otras afecciones. Sin embargo, los científicos no entienden completamente cómo se manifiesta la asociación entre el estrés y la salud a nivel celular.

Jerarquía social

En este sentido, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Washington, examinó una circunstancia clave que induce al estrés: los efectos de la jerarquía social, y cómo las células responden a las hormonas que se liberan en respuesta a ese estrés.

Los investigadores evidenciaron que las células de los macacos de estado social inferior eran menos capaces de responder productivamente al estrés.

Para el estudio, los investigadores recurrieron a un primate social no humano: el macaco rhesus. Los científicos mezclaron grupos sociales existentes de casi cuatro docenas de macacos, observaron comportamientos entre los nuevos grupos y analizaron muestras de sangre para determinar los efectos celulares del nuevo orden social.

En los seres humanos y otros primates, el estatus social se ha relacionado con la salud y la calidad de vida. Un estatus social más bajo puede significar menos apoyo social y comunitario, y contar con menos amortiguadores contra el estrés o circunstancias adversas. En los animales, eso equivale a menos aliados y un mayor hostigamiento por parte de sus compañeros.

Los autores explican que la organización de los macacos en nueve grupos nuevos creó una nueva jerarquía social, en la que el orden en que se introdujo cada mono también determinó su estado: el primero en el grupo se convirtió en el más dominante y ocupó el rango más alto, mientras que el último en unirse al grupo generalmente tuvo el estado más bajo.

Después de que se estableció la jerarquía de cada grupo y el equipo pudo observar el comportamiento de los macacos, los investigadores tomaron muestras de sangre y las trataron con un glucocorticoide sintético, que imitaba la hormona del estrés primario natural de los macacos.

Tanto en los macacos como en las personas, las hormonas glucocorticoides se activan para movilizar recursos en momentos de mayor estrés. Las formas en que las células responden a una oleada de hormonas del estrés, indican si el cuerpo puede responder adecuadamente al factor estresante o no, lo que desgasta el cuerpo y lo hace más susceptible a las enfermedades.

Una respuesta deficiente

Al usar las muestras de sangre tratadas sintéticamente para simular lo que ocurre dentro de los macacos durante el estrés agudo, los investigadores pudieron mostrar cómo la hormona glucocorticoide podría afectar el comportamiento celular en diferentes macacos, en particular si los macacos respondieron productivamente a la hormona.

Un estatus social más bajo puede significar menos aliados y un mayor hostigamiento por parte de sus compañeros.

En este experimento, las células de los macacos de estado inferior eran menos capaces de responder productivamente al glucocorticoide, en comparación a las células de los animales de estado superior.

En los seres humanos, situaciones estresantes o traumáticas se han relacionado con la resistencia a los glucocorticoides, que representa el costo físico, a nivel celular, del estrés en el cuerpo humano.

Los investigadores explican que dada la biología compartida y la historia evolutiva entre monos y humanos, estos hallazgos ayudan a comprender mejor cómo el estatus social puede afectar a los humanos.

Referencia: Social status alters chromatin accessibility and the gene regulatory response to glucocorticoid stimulation in rhesus macaques. PNAS, 2018. http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1811758115