El pasado jueves comenzó a circular un correo electrónico en el que un individuo amenazaba con detonar una bomba si no obtiene una cantidad de Bitcoin en un tiempo específico. En el mismo, se especifica una dirección de Wallet que cambia en cada correo electrónico. Sin embargo, el Departamento de Policía de Nueva York alertó a la población de que se trata de una estafa de criptomonedas.

Pero el viernes, cuando el precio de Bitcoin cayó alrededor de un seis por ciento frente al dólar estadounidense, varios informes correlacionaron esta caída con los correos de amenazas de bomba. No obstante, esas afirmaciones carecen de fundamentos, y se basan en el error común de creer BTC es anónimo e imposible de rastrear.

Recordemos que Bitcoin se basa en una red descentralizada llamada blockchain que es sostenida por una comunidad de código abierto de desarrolladores, mineros y operadores de nodos. Cuando un minero aprueba la liquidación de una transacción al incluirla en un bloque, la transacción se transmite a la blockchain a través de nodos. Debido a esto, se pueden utilizar herramientas para explorar la blockchain de BTC. Es decir, cualquier persona en la red puede rastrear, evaluar y analizar las Wallets que reciben una transacción sospechosa.

En este sentido, algunas compañías de seguridad colocan etiquetas en ciertas Wallets sospechosas para seguirles el rastro. Si una de ellas envía una transacción a un Exchange para cambiar dinero fiat por las criptomonedas, las autoridades pueden congelar los fondos hasta que finalice la investigación.

En conclusión, en el caso de las amenazas de bomba de Nueva York, en las que se pidió a los individuos que pagaran Bitcoins para evitar el atentado, la transacción se puede rastrear al grupo que emitió las amenazas si el grupo alguna vez intenta convertir la criptomoneda dominante en el dólar estadounidense.