Después de meses de erupción continua, el volcán Kilauea de Hawái finalmente parece haberse tomado un descanso. Pero los científicos que lo estudian siguen activos.

La acumulación de nuevos datos recopilados durante la actividad del volcán, brindaron una oportunidad sin precedentes para monitorear una erupción en curso.

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Volcán activo

En abril, el volcán Kilauea entró en erupción y no se detuvo hasta agosto. Durante este tiempo, más de 825 millones de metros cúbicos de tierra se derrumbaron de la cima.

De las fisuras en la zona de ruptura de Kilauea broto lava a una velocidad estimada de más de 100 metros cúbicos por segundo.

A medida que el cráter de la cima se desmoronaba, brotaba magma a través de túneles subterráneos, drenándose a través de fisuras a lo largo de un área llamada zona de ruptura oriental inferior.

Cientos de casas fueron destruidas y, según estimaciones, la recuperación de los daños ocasionados por la erupción podría tardar años y costar unos 800 millones de dólares.

Los científicos señalan que la erupción de la zona de ruptura oriental inferior, fue la más larga que se haya registrado en los últimos 200 años.

Entender las causas

En un reciente estudio, investigadores del Servicio de Geología de los Estados Unidos (USGS) siguieron la actividad del volcán en el último año, a fin de entender las causas que indujeron la prolongada erupción.

El respiradero Puu Oo en Kilauea se derrumbó el 30 de abril, permitiendo que el magma se derramara. Durante la semana siguiente, se abrieron fisuras que conducían a una grieta que se extendía a lo largo de 6 kilómetros.

A principios de mayo, un terremoto de magnitud 6,9 hizo que la falla se deslizara y la lava comenzó a brotar a una velocidad de 100 metros cúbicos por segundo.

Antes de este evento, Kilauea había sido bastante consistente durante más de 30 años. Sin embargo, los investigadores indican que a mediados de marzo, el terreno alrededor de Puu Oo comenzó a deformarse, probablemente debido a la acumulación de magma.

Durante marzo y abril la presión continuó aumentando y, finalmente, el estanque de lava en Puu Oo se desbordó. Todo el sistema de tuberías del volcán fue impactado.

Una visión sin precedentes

El 30 de abril, los datos indicaron que se estaban produciendo rápidos cambios en el sistema de magma y, el 3 de mayo, se abrió la primera de las 24 fisuras eruptivas. En total, 62 eventos de colapso tuvieron lugar entre mayo y agosto.

La actividad volcánica destruyó cientos de casas, y según se estima, la recuperación de los daños ocasionados podría tardar años y costar cientos de millones de dólares.

Los datos indican que una falla estructural en Puu Oo forzó al magma a escapar a lo largo de la zona de ruptura, lo que proporcionó el catalizador para las otras erupciones.

Los investigadores dijeron que la erupción proporcionó una visión sin precedentes del sistema volcánico de Kilauea, y aún están aprendiendo de los datos producidos a partir de ella.

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Han transcurrido más de tres meses desde la última erupción de Kilauea, lo que sugiere que se trata de lo que los científicos llaman una “pausa”: un periodo en el que el volcán sigue activo pero no expele lava.

Las observaciones de erupciones anteriores sugieren que la siguiente fase del ciclo volcánico de Kilauea puede ser más tranquila, aunque los investigadores puntualizan que es muy probable que el volcán no se quede en este estado de calma para siempre.

Referencia: The 2018 rift eruption and summit collapse of Kilauea Volcano. Science, 2018. https://doi.org/10.1126/science.aav7046

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