La inactividad física y las alteraciones en la duración del sueño se relacionan con resultados de salud negativos, que incluyen enfermedades cardiometabólicas y trastornos psiquiátricos, y son factores que representan una amenaza para la salud pública mundial.

A pesar de su importancia, la comprensión de los genes y las vías biológicas que sustentan la actividad física y las conductas del sueño todavía es limitada.

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Evaluación detallada

En este sentido, los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oxford, aportan nueva información al respecto, y muestran que el tiempo que pasamos sentados, durmiendo o moviéndonos está, al menos en parte, determinado por lo genes.

Las alteraciones en la duración del sueño y la inactividad física están relacionados con enfermedades cardíacas, metabólicas y trastornos psiquiátricos.

En uno de los proyectos más detallados de su tipo, los investigadores estudiaron la actividad física de 91.105 participantes del Biobanco del Reino Unido, los cuales habían usado previamente un monitor de actividad en su muñeca durante una semana.

En complemento, a fin de evaluar mejor la actividad física, 200 de los participantes llevaron una pequeña cámara durante 2 días, tomando una fotografía cada 20 segundos.

Los investigadores aplicaron un modelo de aprendizaje automático para, a partir de las enormes cantidades de datos recopilados de los monitores de actividad, identificar en cuál de los cuatro estados (sueño, sedentario, caminar, intensidad moderada) se encontraba un individuo en un momento dado.

Posteriormente, el equipo de investigación comparó los datos de movimiento recopilados con el análisis genético de los participantes, en busca de aproximadamente 92 millones de polimorfismos de nucleótido único (SNP).

El análisis de toda esta información reveló 14 SNP, regiones genéticas relacionadas con la actividad física y la duración del sueño, siete de las cuales son nuevas para la ciencia.

El papel de los genes

Un análisis más detallado de los datos genéticos, mostró por primera vez que el aumento de la actividad física causalmente disminuye la presión arterial.

El equipo de investigación comparó los datos de movimiento recopilados con el análisis genético de los participantes.No es que no se hayan realizado estudios epidemiológicos sobre este tema anteriormente, pero a diferencia de esta investigación, esos estudios no pueden demostrar la relación de manera concluyente.

El análisis genético también mostró una superposición con enfermedades neurodegenerativas, bienestar de la salud mental y estructura cerebral, mostrando un papel importante para el sistema nervioso central con respecto a la actividad física y el sueño.

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El Dr. Michael V. Holmes, afiliado al Centro de Investigación Biomédica de la Universidad de Oxford y coautor del estudio, comentó:

“Los resultados de esta investigación brinda a los científicos una maravillosa oportunidad de aprender mucho más sobre cómo los genes y el ambiente interactúan en nuestra vida diaria, y posiblemente nos permita reducir el riesgo de enfermedad.”

En esta línea, los autores del estudio resaltaron que los hallazgos de la investigación allanan el camino para una mejor comprensión del sueño, la actividad física y sus consecuencias para la salud.

Referencia: GWAS identifies 14 loci for device-measured physical activity and sleep duration. Nature Communications, 2018. https://doi.org/10.1038/s41467-018-07743-4

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