La propagación global de patógenos es un problema creciente de conservación, ya que su introducción en entornos novedosos puede tener efectos dramáticos en la vida silvestre.

Durante millones de años los patógenos se han dispersado por aves migratorias, peces, mamíferos y otros taxones, pero en los últimos siglos los humanos también han contribuido a su propagación.

Hasta la fecha, la presencia de patógenos humanos en la vida silvestre antártica ha recibido una atención limitada. Se ha asumido que el aislamiento de la región y la exploración relativamente reciente por parte de los seres humanos, han protegido a la fauna antártica.

Patógenos humanos en la fauna antártica

Pero las pocas encuestas de patógenos en la Antártida han sido oportunistas, y las investigaciones de eventos ocasionales de mortalidad masiva hasta la fecha, no han establecido pruebas claras de transmisión de humanos a animales.

Bacteria de la Salmonella, uno de los patógenos diarreicos más importantes del mundo.

Las bacterias zoonóticas Salmonella y Campylobacter se encuentran entre los patógenos diarreicos transmitidos por los alimentos más importantes del mundo. Ambos agentes pueden propagarse rápidamente en el medio ambiente a través de la contaminación fecal y pueden persistir en el suelo o el agua durante el tiempo suficiente para infectar la fauna silvestre.

En este sentido, un equipo de investigadores españoles realizó un estudio enfocado en determinar si estos patógenos humanos se están propagando en la fauna silvestre austral.

A tal fin, el equipo de investigación exploró la transferencia de estas bacterias zoonóticas de humanos a la región subantártica y antártica, mediante el muestreo de 24 especies de aves marinas en un amplio rango geográfico.

Evidencia convincente

Desde el año 2008 al 2011, los investigadores recolectaron muestras fecales de aves marinas adultas en cuatro localidades del Océano Austral: Livingston, Marion, Gough y las Islas Falkland. Además, tomaron muestras de aves de corral en Falklands, una localidad que alberga un asentamiento humano permanente con varias granjas en contacto.

Los investigadores advierten que estos patógenos podrían tener consecuencias devastadoras y causar el colapso local y la extinción de algunas poblaciones.

El análisis de las muestras reveló evidencia de zoonosis inversa asociada a las bacterias de origen humano Salmonella y Campylobacter en la fauna de la Antártida.

La investigadora Marta Cerdà-Cuéllar, coautora del estudio, explicó:

“Estas cepas de Salmonella y Campylobacter, que son causa habitual de infecciones en los humanos, no suelen provocar brotes de mortalidad en la fauna salvaje. Ahora bien, los nuevos patógenos emergentes o invasores que llegan a poblaciones altamente sensibles, como la de la fauna antártica, podrían tener consecuencias devastadoras y causar el colapso local y la extinción de algunas poblaciones”.

Los autores del estudio señalan que los resultados de la investigación proporcionan evidencia convincente de zoonosis inversa de patógenos en la Antártida y sugieren que las bacterias zoonóticas pueden propagarse por la vida silvestre a través del Océano Austral.

Adicionalmente, los investigadores resaltan que la creciente propagación de patógenos, respaldada por la globalización y el cambio climático, ahora afecta a las áreas más remotas de la Tierra, por lo que sugieren la implementación de estrictas medidas orientadas a limitar el impacto de la actividad humana en la Antártida.

Referencia: Do humans spread zoonotic enteric bacteria in Antarctica? Science of The Total Environment, 2018. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2018.10.272