Con temperaturas que llegan a descender hasta -50 grados centígrados, un aire con muy poco oxígeno y meses en los que impera la oscuridad, la Antártida es sin duda, la región del planeta más hostil para los humanos.

A pesar de condiciones tan inhóspitas, la Antártida ofrece un entorno prístino de gran valía para la ciencia, lo que lleva a investigadores trasladarse hasta la región para realizar estudios en diferentes áreas, incluyendo astrofísica, glaciología, geofísica, cambio climático y agotamiento de la capa de ozono.

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Condiciones intolerables

Aunque nadie puede vivir permanentemente en la Antártida, algunos investigadores pasan temporadas allí, y de acuerdo a un estudio, para sobrevivir a tan duras condiciones, entran en un estado de “hibernación psicológica”.

A pesar de las condiciones tan inhóspitas, los investigadores se trasladan a la Antártida para realizar estudios científicos en diferentes áreas.

Los autores del estudio explican que vivir en este ambiente es difícil. El paisaje blanco es monótono, la privacidad es un lujo, y los investigadores interactúan con el mismo pequeño grupo día tras día, durante meses.

A veces, no es posible que se entreguen provisiones, y los visitantes no pueden ser evacuados de la región, incluso en situaciones de emergencia, y como la infraestructura es más propensa a fallar que en cualquier otro lugar de la Tierra, la capacidad de contactar al mundo exterior puede perderse sin previo aviso, y no se puede solucionar de inmediato.

En la estación más fría y oscura, muchos investigadores experimentan una caída en el estado de ánimo y trastornos del sueño, una condición que ha recibido el nombre de “síndrome de invierno”.

Determinando consecuencias

A fin de determinar las consecuencias que el clima de invierno provoca en los habitantes temporales de la Antártida, un equipo internacional de científicos, estudió a dos cuadrillas que investigadores en la Estación Concordia, una instalación de investigación franco-italiana ubicada en un área conocida como Domo C.

La Antártida es la región del planeta más hostil para los humanos.

Debido las temperaturas extremas, el equipo rara vez podría aventurarse a salir de las instalaciones, limitando su acción a tres áreas de la base conectadas por pasillos cubiertos: la llamada área tranquila, donde se encuentran los cuartos para dormir; una zona donde se encuentra el comedor, el gimnasio y otras instalaciones, y el área de servicios, donde se encuentra la sala de calderas y el equipo científico.

La primera cuadrilla estudiada estaba compuesta por 14 hombres con una edad promedio de 38 años, mientras que la segunda, incluía a tres mujeres y 10 hombres con una edad promedio de 34. Todos fueron seguidos desde febrero hasta noviembre.

Se les solicitó a los participantes que llevaran un diario del sueño y que completaran cuestionarios para medir su estado emocional y descubrir mecanismos de afrontamiento.

Estos datos revelaron que a medida que avanzaba el invierno, los participantes experimentaron problemas de sueño y la pérdida de emociones positivas.

Estrategias de afrontamiento

Los autores encontraron que el equipo utilizó estrategias de afrontamiento como pensar en escenarios peores que en los que estaban; actuar para resolver problemas de inmediato; tratar activamente de relajarse y evitar situaciones potencialmente problemáticas.

Estación Concordia, una instalación de investigación franco-italiana ubicada en un área de la Antártida conocida como Domo C.

Pero resultó sorprendente descubrir que en pleno invierno, era menos probable que los participantes recurrieran a tales estrategias de afrontamiento. Los autores del estudio explican que esto puede deberse a que los participantes se volvieron indiferentes o emocionalmente planos durante los meses más fríos y oscuros.

El Dr. Nathan Smith, investigador asociado a la Universidad de Manchester, comentó que el hallazgo reflejó lo que se conoce como “hibernación psicológica”.

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Investigaciones anteriores han sugerido que esta hibernación psicológica es un mecanismo de protección contra el estrés crónico, lo cual, explican los autores, tiene sentido. Si las condiciones son incontrolables, pero la persona sabe que en algún momento futuro las cosas mejorarán, puede elegir reducir los esfuerzos de afrontamiento para preservar la energía.

El equipo reconoce la necesidad de realizar estudios más amplios para examinar más a fondo este fenómeno, y señalan que las implicaciones de esta investigación podrían resultar útiles para la exploración espacial, en la que los astronautas soportan condiciones similares de aislamiento y espacios confinados.

Referencia: Psychological Hibernation in Antarctica. Frontiers in Psychology, 2018. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.02235

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