En las oscuras profundidades oceánicas, más de 3 kilómetros bajo la superficie, una gran variedad de microbios, gusanos, peces y otras criaturas grandes y pequeñas prosperan. Su alimentación se basa en el transporte de materia muerta y en descomposición desde la superficie, lo que se conoce como nieve marina.

Cerca de la superficie del mar, el dióxido de carbono de la atmósfera se incorpora en los cuerpos de algas microscópicas y los animales que las comen. Cuando mueren, estos organismos se hunden en las profundidades, llevando carbono con ellos.

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Pulsos en aumento

Este suministro de carbono a las profundidades del mar no es constante. En ocasiones, la nieve marina cae al abismo durante fluctuantes eventos de “pulso”.

Muchos animales de aguas profundas viven de escombros que caen de la superficie. El carbono llevado a las profundidades por estos escombros es un factor importante en los modelos climáticos globales.

Los resultados de un nuevo estudio realizado por un equipo de científicos del Instituto de Investigación Acuario de la Bahía de Monterrey (MBARI, por sus siglas en inglés), muestran que ha habido un aumento de estos eventos de pulso en la costa de California, y además revela que, aunque estos episodios son muy importantes para el ciclo del carbono, no están bien representados en los modelos climáticos globales.

Utilizando un conjunto de instrumentos autónomos de la Estación M, un sitio de monitoreo ubicado a 4.000 metros de profundidad a 220 kilómetros de la costa de California, el único lugar de aguas profundas en el mundo donde la oferta y demanda de carbono se registran en detalle, los investigadores estudiaron los eventos del pulso y sus impactos en la biota de las profundidades marinas.

Para ello, los investigadores usaron dos juegos de trampas de sedimentos, suspendidas a 50 y 600 metros sobre el fondo del mar, con las cuales registraron la nieve marina cada 10 días.

En complemento, el Benthic Rover, un vehículo submarino autónomo de MBARI que desde el año 2011 se ha arrastrado a través del lecho marino alrededor de la Estación M, ha registrado el consumo de oxígeno de los microbios y animales. Esta data permitió a los científicos estimar cuánta comida (carbono) se ha estado consumiendo.

El estudio se centró en seis períodos entre 2011 y 2017, cuando grandes cantidades de nieve marina alcanzaron las trampas de sedimentos. Durante estos episodios de pulso, en comparación a los días regulares, la cantidad de carbono que alcanzó las profundidades marina fue cuatro veces mayor.

El Benthic Rover, el vehículo submarino autónomo utilizado en la investigación.

Los investigadores señalan que estos hallazgos confirman que los eventos de pulso se están convirtiendo en un factor de gran importancia en el ciclo del carbono. Sin embargo, los pulsos de alimentos, y por ende de carbono, a las profundidades marinas no se tienen en cuenta en los modelos climáticos globales.

Estimaciones desacertadas

Los modelos para estimar cuánto carbono llega a las profundidades marinas, se basan en las condiciones de la superficie, subestimando la cantidad de carbono que llega durante los eventos de pulso.

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Estas omisiones tienen implicaciones en la forma en que se realizan las estimaciones sobre el presupuesto global de carbono, valoraciones que son consideradas los informes de evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático.

Dada su importancia general, los autores del estudio exhortan a encontrar una manera de evolucionar los modelos, a fin de que consideren la influencia de los eventos de pulso, y de ese modo, puedan predecir con mayor precisión los presupuestos globales de carbono.

Referencia: Episodic organic carbon fluxes from surface ocean to abyssal depths during long-term monitoring in NE Pacific. PNAS, 2018. https://doi.org/10.1073/pnas.1814559115

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