La vida no es nada fácil, esa es una verdad indiscutible. Aún más, hay personas a las que les toca atravesar experiencias que podrían ser sumamente devastadoras; sin embargo, de alguna parte de su ser, algunas personas logran sacar la fuerza necesaria para ponerse de pie y avanzar a pesar de las adversidades. Esto es lo que se conoce como resiliencia.

La resiliencia es un concepto derivado de la Psicología Positiva que últimamente ha estado en boga. Así, desde los diferentes medios de comunicación se ha propuesto la resiliencia como una de las principales habilidades para la vida que debemos aprender para afrontar las adversidades de la mejor manera posible.

En pocas palabras, la resiliencia implica aprender a afrontar las dificultades de forma constructiva; esto significa adaptarse a las circunstancias, ser flexible y fortalecerse de las situaciones difíciles que se nos presentan. Al respecto, los expertos en materia aseguran que las personas resilientes comparten una serie de cualidades.

Entre estas cualidades podemos contar el autoconocimiento y la autoestima, empatía, autonomía, actitud positiva ante las adversidades, conciencia del presente, flexibilidad, perseverancia, tolerancia a la frustración, entre otras. Veamos a continuación cuatro historias de resiliencia que dan cuenta de las fortalezas del ser humano y de su capacidad de hacer frente ante las adversidades de la vida hasta alcanzar el éxito.

La vida de J.K Rowling antes de sus más grandes éxitos

Casi todas las personas en el mundo conocen a J.K. Rowling, la mente detrás del mundo de Harry Potter. Sin embargo, Joanne Rowling, como realmente se llama, antes de ser la afamada escritora de éxito mundial como la conocemos actualmente, tuvo que afrontar momentos y situaciones sumamente difíciles.

Tras la muerte de su madre, cuando Rowling tenía 25 años, Rowling decidió abandonar su vida en el Reino Unido para irse a vivir a Oporto, trabajando como profesora de inglés. Allí, conoció a Jorge Arantes, quien más adelante sería su esposo. Unos meses después de conocerse, la escritora sufrió un aborto espontáneo que desencadenaría importantes problemas en su relación.

Posteriormente, luego del nacimiento de su hija, los problemas de la pareja serían cada vez más intensos, llegando incluso a las agresiones físicas. Después de una historia de maltrato, Rowling decidió abandonar el hogar, llevándose tan solo a su hija y los tres primeros capítulos de Harry Potter y la piedra filosofal.

Así, se fue a Edimburgo, donde no tenía trabajo ni ingresos fijos; de hecho, vivía gracias a los recursos otorgados por la beneficencia, que apenas le permitían darle los cuidados necesarios a su hija. La situación era tan terrible que, en algún momento, recibió el diagnóstico de depresión severa; tal era el caso que, a los 30 años, la escritora tenía intenciones suicidas.

Sin embargo, logró encontrar una ruta de escape ante esta mala situación gracias a la escritura. De hecho, en oportunidades ha comentado que la figura de los dementores, esos seres fantasmagóricos que se alimentan de la paz, la alegría y la esperanza de sus víctimas, representan una alegoría a la depresión. Así, tras mucho esfuerzo y trabajo sin descanso, terminó de escribir el primer libro de la reconocida saga de Harry Potter.

Tras esto, el manuscrito fue enviado a doce editoriales, tras lo que recibió rechazo tras rechazo, pues se alegaba que los textos infantiles eran muy difíciles de vender. Así pasó un año, hasta que Barry Cunningham, editor de Bloomsbury, una editorial londinense, le dio la oportunidad a Rowling, pagándole 1.500 libras como adelanto por los derechos de autor de su libro. El resto, es historia, Harry Potter le daría la vuelta al mundo y Rowling se convertiría en la mujer más acaudalada del Reino Unido, convirtiéndose en una de las escritoras más famosas a nivel mundial.

A pesar de ser víctima del odio, Malala siguió luchando por los derechos de las mujeres

Malala Yousafzai es una joven universitaria de origen paquistaní que, desde los 12 años de edad se ha dedicado a luchar por el derecho de las mujeres a recibir una educación libre y de calidad. Durante el año 2012, el nombre de Malala se hizo conocido por todo el mundo, puesto que sufrió un intento de asesinato por parte del Movimiento Terrorista de los Talibanes Pakistaníes.

Su lucha por los derechos de las mujeres motivó a este grupo terrorista a acabar con su vida. Durante el incidente, Malala estaba en un autobús escolar que circulaba por el Valle de Swat, en Pakistán, cuando dos miembros del grupo terrorista le propinaron varios disparos con un fusil que alcanzaron su cabeza y su cuello.

A pesar de ello, las ganas de vivir y luchar por las mujeres prevalecieron. Malala sobrevivió pero tuvo que someterse a un sinnúmero de cirugías reconstructivas; de hecho, fue necesario usar una placa de titanio en su cráneo para reparar el daño, además de colocar un implante en su oído izquierdo a fin de recuperar su capacidad auditiva.

Meses después del atentado, tras múltiples procedimientos, Malala fue dada de alta; aun así, esta lamentable experiencia no detuvo sus esfuerzos por lograr que las mujeres tuviesen un total acceso a los medios educativos. Cuando tenía 16 años, en el año 2013, Malala fue nominada al Premio Nobel de la Paz, consolidándose como la mujer más joven de la historia en ser reconocida de esta forma.

Así, se hizo acreedora de numerosos premios y reconocimientos, incluyendo el premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, el Premio Convivencia Manuel Broseta y el Nobel de la Paz. En la actualidad, Malala ha tomado este hecho lamentable como un impulso para seguir luchando por los derechos de niños y mujeres a tener una educación basada en los pilares de la libertad y la igualdad.

Un atleta de talla internacional en un campo de concentración japonés

Louis Zamperini fue un atleta estadounidense de origen italiano que, tras una historia de éxito en el ámbito deportivo, llegando a participar en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, quien, tras abandonar su carrera deportiva, decidió participar en los combates de la Segunda Guerra Mundial, lo que lo llevaría a vivir una completa odisea.

Luego del ataque de los japoneses a Pearl Harbor, Zamperini, de la noche a la mañana, decidió dejar el atletismo para inscribirse en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América. Tras su entrenamiento, fue enviado a Hawái, donde continuó su formación como artillero en la Unidad del Pacifico Sur de Bombarderos.

De un momento a otro, Zamperini fue enviado a una misión de rescate de un avión B-25 aliado que había sido derribado en un lugar recóndito del Pacífico, cerca del atolón Palmira. Así, a bordo de una aeronave denominada “The Green Hornet”, llegaron al área donde se creía que había sido derribado el avión aliado. Sin embargo, su propia aeronave comenzó a fallar, por lo que en menos de tres minutos, el avión y su tripulación impactaron contra las aguas del océano Pacífico.

De alguna forma, Zamperini y algunos de sus compañeros, lograron salir y subirse una balsa, con la esperanza de que serían encontrados rápidamente. No obstante, esto nunca ocurrió, y así fue como empezó una difícil travesía en medio del océano.

Con el pasar del tiempo, los tripulantes de la balsa apenas podían alimentarse de los peces que lograban atrapar, además de algunas aves incautas que llegaron a cazar. Además de ello, contaban con seis pequeñas barras de chocolate y unas pocas botellas de agua que lograron rescatar del avión. Todo esto, mientras luchaban por evitar ser comido por los tiburones que constantemente rodeaban la balsa.

A los 33 días del naufragio, uno de los compañeros a bordo de la balsa con Zamperini murió, quedando únicamente el atleta junto a Russel Allen Phillip, llamado cariñosamente Phil. El día 47 luego del accidente, los náufragos divisaron una playa; pensando que era su día de suerte, recorrieron más de 3.000 kilómetros hasta llegar a las islas Marshall.

Sin embargo, este era el preludio de una experiencia aún más difícil. Las islas Marshall estaban en mano de los japoneses, quienes internaron a Phil y a Zamperini en el campo de concentración de Kwajalein.

Un mes después, fueron llevados a Japón, al campo de concentración de Ofuna, donde estarían por lo que restaba de la Segunda Guerra Mundial. No conforme con todas las penurias, en Ofuna, Zamperini conocería a Mutsuhiro Watanabe, mejor conocido como “El pájaro”. Este personaje era un sádico guardia que, tras enterarse de la historia de Zamperini como atleta de talla internacional, lo maltrató llegando a límites insospechados.

Por ejemplo, en una oportunidad, Watanabe obligó a Zamperini a soportar el peso de un enorme tronco con sus brazos extendidos sobre su cabeza por más de 37 minutos, para finalmente, darle un fuerte puñetazo en el estómago, dejando que el tronco cayera sobre su cabeza.

Finalmente, la Segunda Guerra Mundial acabó y, después de haber sido dado por muerto, Zamperini regresó a los Estados Unidos. Aun así, tuvo que lidiar con los efectos del estrés postraumático resultante de su experiencia, hasta morir en el 2014, a causa de una neumonía.

El hombre que encontró el sentido de su vida en medio del sufrimiento

Nuestra última historia es la de un hombre que, a pesar de ser testigo de la maldad humana, logró transformar una horrible experiencia en una estrategia para ayudar a otras personas que enfrentan el sufrimiento en su día a día; se trata de la historia de Viktor Frankl.

Viktor Emil Frankl fue un neurólogo y psiquiatra de orígenes austriacos que se hizo conocido por inventar la logoterapia, un método terapéutico para aliviar el sufrimiento humano, mientras se encontraba como prisionero en un campo de concentración nazi. Desde el año 1942, hasta 1945, Frankl estuvo en varios campos de concentración de la Alemania nazi, incluyendo Auschwitz y Dachau. Gracias a esta experiencia desarrolló la logoterapia y escribió un reconocido libro titulado “El hombre en busca de sentido”.

Lo que experimentó durante estos años es inimaginable; si bien logró sobrevivir, no fue ese el caso de su esposa, sus padres, su hermano y su cuñada, además de muchos colegas y amigos. En su estadía dentro del campo de concentración, fue testigo de las atrocidades a las que puede llegar el ser humano, siendo víctima de maltrato en repetidas oportunidades. Adicionalmente, muchos de sus compañeros en el campo de concentración murieron a causa de las terribles condiciones en este, lo que le llevó, incluso, a considerar la idea de acabar con su vida.

Luego de ser liberado, pasó varias semanas en Múnich, tratando de encontrar pistas de alguno de sus familiares; no obstante, ninguno logró sobrevivir, lo que le causó un profundo dolor, además de sensaciones de tristeza y vacío. Posteriormente, fue nombrado jefe del Departamento de Neurología de la Policlínica de Viena, puesto que ocupó por 25 años.

Durante este tiempo, escribió 39 libros y se hizo acreedor de 29 Doctorados Honoris Causa, en distintas universidades del mundo. Finalmente, Frankl murió el 2 de septiembre de 1997, dejando un gran legado bajo su nombre.

Referencias:

  1. Logotherapy and Existential Analysis—A Review. https://doi.org/10.1176/appi.psychotherapy.1966.20.2.252
  2. Resilience in Development: A Synthesis of Research across Five Decades. https://doi.org/10.1002/9780470939406.ch20
  3. Psychosocial Resilience And Protective Mechanisms. https://doi.org/10.1111/j.1939-0025.1987.tb03541.x

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