Si bien las moscas de la fruta son incapaces de interpretar canciones exquisitas, realizar bailes elegantes o recitar poemas, no quiere decir que no tengan sus propios rituales para atraer a un compañero.

Una reciente investigación mostró que estos rituales resultaron ser un tipo de “cultura”, un comportamiento que se transmite de generación en generación a través del proceso de aprendizaje social, sin que intervengan mecanismos genéticos.

Este tipo de tradiciones culturales y rasgos de comportamiento se han encontrado en los patrones de aseo de ciertos simios y en el canto de algunas ballenas y aves. Pero los científicos tenían pocas pruebas de que en las criaturas más pequeñas, como los insectos, pudieran cultivarse.

Aprendizaje social

Para que un patrón de comportamiento se considere culturalmente transmitido debe cumplir con los siguientes criterios: el comportamiento debe aprenderse socialmente, es decir, observando a los conespecíficos; copiarse de los individuos mayores; memorizarse a largo plazo; implicar características de los individuos, como su color, y finalmente, ser conformistas, es decir, que los individuos aprendan el comportamiento más común en la población.

Las moscas de la fruta poseen todas las capacidades cognitivas necesarias para transmitir culturalmente sus preferencias sexuales.

En este sentido, un equipo de investigadores diseñó una serie de experimentos de laboratorio en los que una mosca de la fruta hembra “observaba” a otra hembra haciendo una elección entre dos machos de diferentes colores, marcados con rosa o verde.

Los investigadores evidenciaron que esta elección tuvo una gran influencia en la posterior elección del “observador”, y en el 80 por ciento de los casos, estas moscas prefirieron los machos del color que escogieron sus predecesores.

Para simular la transferencia de tal “cultura” a través de las generaciones, los científicos colocaron a 12 hembras en un recipiente rodeado por seis contenedores aislados, en el que las hembras “maestras” eligieron entre machos rosados ​​o verdes.

Después de unas horas, las hembras “aprendices” tomaron su lugar, y la siguiente generación de moscas fue colocada en el contenedor central. De este modo los investigadores lograron rastrear la influencia de la “cultura” hasta por ocho generaciones; sólo entonces la elección de las moscas se volvió aleatoria.

Las tradiciones culturales han sido observadas en animales de alta capacidad cognitiva como los primates y las aves, pero este estudio muestra que también se presentan en criaturas más pequeñas, como los insectos.

En poblaciones más grandes, tal patrón puede mantenerse mucho más tiempo. Los científicos consideraron esta premisa utilizando un modelo de computadora, el cuál mostró que, si el grupo está formado por más de 30 hembras, la preferencia heredada de elegir a los machos de un color determinado puede persistir y se perdurar por miles de generaciones.

Capacitadas para transmitir sus preferencias sexuales

Los autores del estudio señalan que, en conjunto, estos experimentos revelaron que las moscas de la fruta no sólo adaptan rápidamente su comportamiento en respuesta a sus compañeros, sino que se adhieren a estas tendencias durante largos períodos de tiempo.

Por lo tanto, señalan los investigadores, el estudio muestra que las moscas de la fruta poseen todas las capacidades cognitivas necesarias para transmitir culturalmente sus preferencias sexuales a través de las generaciones.

Finalmente, estos resultados amplían considerablemente el rango taxonómico del proceso cultural y sugieren que, contrariamente a la creencia generalizada, la herencia cultural podría afectar la evolución de un gran número de especies animales, mucho más allá de unos pocos vertebrados con altas capacidades cognitivas, como primates y aves.

Referencia: Cultural flies: Conformist social learning in fruitflies predicts long-lasting mate-choice traditions. Science, 2018. https://doi.org/10.1126/science.aat1590