En el año 1991 entró en erupción el Monte Pinatubo en las Filipinas, expulsando cerca de 20 millones de toneladas de aerosoles de dióxido de azufre en la estratosfera. Como resultado, la temperatura en la atmósfera inferior bajó en 1 grado Fahrenheit.

Este acontecimiento sirvió de fundamento para que los científicos diseñaran un programa de pulverización atmosférica orientado a reducir el calentamiento global. La idea consiste en rociar sulfitos reflectantes a 20 km sobre la superficie de la Tierra, en la estratosfera, donde las partículas reflejarían la luz solar hacia el espacio, evitando que la energía solar caliente el planeta.

La tecnología, conocida como inyección de aerosol estratosférico (SAI), podría usarse para compensar los impactos de las continuas emisiones de gases de efecto invernadero. Si bien desde hace décadas SAI ha sido propuesta como una potencial solución al catastrófico cambio climático global, su implementación no pasado del plano especulativo, hasta ahora.

Factibilidad evaluada

Una dupla de investigadores de la Universidad de Harvard realizó un estudio en el que evaluaron la factibilidad técnica y económica de concretar un programa de pulverización atmosférica a nivel mundial, concluyendo que es posible realizar un esfuerzo global a tal fin y que, considerando la envergadura del proyecto, sería bastante económico.

La idea consiste en rociar millones de toneladas sulfitos reflectantes a 20 km sobre la superficie de la Tierra, en la estratósfera.

De acuerdo con el plan de los autores del estudio, en el primer año, se rociarán 1,5 millones de toneladas de aerosoles con ocho aviones que realizarían unos cuatro mil vuelos por año, y en 15 años habrá alrededor de 100 aviones realizando 60 mil vuelos anuales.

El investigador Gernot Wagner, catedrático en el Centro para el Medio Ambiente de la Universidad de Harvard y coautor del estudio, expresó:

“En nuestro trabajo no sacamos conclusiones sobre qué tan deseable es un proyecto de este tipo, pero mostramos que desde un punto de vista puramente técnico, un programa planificado en 15 años, con todas las incertidumbres, sería realizable.”

Además, señalan los investigadores, sería sorprendentemente barato; en promedio, un año de trabajo costaría entre 2 y 2.500 millones de dólares. El costo mínimo total de los primeros 15 años del programa sería, por lo tanto, de 30 mil millones de dólares, más una inversión inicial de 3.500 millones de dólares, un cifra total que es comparable en costo, por ejemplo, a la organización de siete eventos como los Juegos Olímpicos en Sochi.

Otros factores

No obstante, los autores del estudio advierten que el proyecto necesitaría un tipo de avión completamente nuevo para distribuir los sulfatos a la atmósfera inferior. Actualmente, ningún avión existente tiene la capacidad de alcanzar la altitud y transportar la carga útil requerida.

Existen grandes incertidumbres y preocupaciones por las consecuencias ambientales que podría tener implementar un programa de este tipo.

Luego de contactar varias empresas aeronáuticas, se estimó que el desarrollo de una aeronave que satisfaga estos requerimientos tendría un costo cercano a los 2 mil millones de dólares.

Aunque en este estudio se plantea la factibilidad técnica y económica del programa SAI, aún persisten fuertes incertidumbres y preocupaciones sobre los efectos secundarios que un proyecto de este tipo podría generar.

Las preocupaciones incluyen el impacto en la capa de ozono, si las partículas reflectantes harían que el cielo se torne blanco o si los sulfitos pueden causar problemas climáticos localizados en ciertas partes del mundo, así como un detrimento en el rendimiento de los cultivos.

Referencia: Stratospheric aerosol injection tactics and costs in the first 15 years of deployment, Environmental Research Letters, 2018. https://doi.org/10.1088/1748-9326/aae98d