El invierno se acerca y no por ello disminuye el riesgo de que nuestra piel sufra quemaduras producto de la exposición al sol. Las personas suelen asociar las quemaduras en la piel con el verano, ya que en esta época son comunes los paseos a sitios al aire libre, donde exponemos nuestra piel a los intensos rayos ultravioletas del Sol.

Sin embargo, durante el invierno también es posible quemarse con el Sol; contrario a lo que se piensa, a pesar de que la intensidad de los rayos del Sol disminuye en invierno y, por lo general, estamos más cubiertos de ropa que en otras temporadas, aún corremos el riesgo de sufrir quemaduras solares que, a la larga, pueden tener peligrosas consecuencias.

A pesar del invierno, aún corremos el riesgo de sufrir quemaduras solares

De acuerdo a los expertos, los rayos del sol pueden ser igual de dañinos en independencia del frío y de lo nublado que esté el cielo. Así, cualquier área de nuestra piel que esté expuesta a la radiación solar, puede resultar quemada.

El sol emite luz ultravioleta de distintas clases. Los rayos UVA, son ondas largas de luz ultravioleta que pueden causar envejecimiento prematuro de la piel, así como también manchas y arrugas. Por su parte, los rayos UVB, son ondas cortas de luz que causan enrojecimiento y queman nuestra piel. Una última clase de rayos ultravioleta son los UVC, sin embargo estos son absorbidos en su mayor parte por la capa de ozono.

En este sentido, la radiación recibida a partir de los rayos ultravioleta del Sol, durante cualquier momento del año, puede causar quemaduras en la piel, envejecimiento prematuro, enrojecimiento, manchas y arrugas. Lo que es aún más grave, es que los daños en nuestra piel causados por los rayos ultravioleta del sol se acumulan y empeoran con el tiempo. A medida que estamos más expuestos a la radiación, los daños aumentan y el tejido se deteriora.

Así, con el pasar del tiempo, la acumulación del daño cutáneo producto de la radiación de los rayos ultravioleta, puede favorecer el desarrollo de cáncer de piel. No por nada el cáncer de piel es el tipo de cáncer más frecuente en los Estados unidos, con aproximadamente 3,3 millones de nuevos casos cada año.

La nieve y el hielo pueden empeorar las quemaduras

La nieve y el hielo reflejan el 80% de los rayos ultravioleta del Sol.

Teniendo en cuenta lo planteado anteriormente, no quedan dudas respecto a los daños que puede ocasionar el Sol sobre nuestra piel, incluso durante el invierno. De hecho, la nieve y el hielo pueden empeorar el efecto de los rayos ultravioleta.

Tanto la nieve como el hielo reflejan hasta un 80% de la radiación que golpea el suelo. Esto implica que, durante el invierno, estamos expuestos a rayos ultravioleta desde dos fuentes: la radiación directa del sol y la radiación que es reflejada por el hielo y la nieve que se han depositado en el suelo.

Aún más, cuando las personas visitan lugares de gran altitud durante el invierno, bien sea para pasear, esquiar o hacer snowboard, están aún más expuestas a la radiación del sol, por lo que corren un mayor riesgo de sufrir quemaduras en la piel. A medida que aumenta la altura, aumenta la exposición a los rayos ultravioleta; esto se debe a que no hay tanta atmósfera que absorba la radiación.

En la misma línea, existen algunos factores de riesgo que determinan la vulnerabilidad de las personas a sufrir quemaduras solares durante el invierno. Algunos productos de cuidado personal, así como también ciertos antibióticos, aumentan la fotosensibilidad de la piel, haciéndonos más vulnerables a quemaduras solares.

También, el tono de piel juega un importante rol en este fenómeno. En este sentido, las personas de tez blanca tienen más probabilidades de sufrir los daños asociados a la radiación del sol; no obstante, esto no significa que las personas de piel oscura están libres de riesgo. Por tanto, la mejor recomendación es proteger la piel, bien sea con ropa y accesorios adecuados, sin olvidar el protector solar, preferiblemente con un factor de protección superior a 30, cada dos horas aproximadamente.

Referencia: Sun exposure and primary prevention of skin cancer for infants and young children during autumn/winter. https://doi.org/10.1111/j.1467-842X.2000.tb00139.x