Las construcciones humanas afectan significativamente el desenvolvimiento de la vida silvestre. Además de robar el espacio natural de las especies silvestres, la contaminación sónica resultante de la actividad humana tiene consecuencias negativas sobre el ecosistema. En este sentido, los entornos ruidosos interfieren con la comunicación de los animales y pueden dificultar su capacidad de encontrar alimentos.

Un ejemplo de esto son las ranas, las cuales son especialmente vulnerables al ruido ya que dependen de los sonidos para reproducirse. Sobre la base de esto, un equipo de investigadores llevó a cabo un experimento a fin de determinar si el ruido proveniente de las carreteras tiene algún efecto fisiológico sobre estos anfibios; adicionalmente, se analizaron los mecanismos de adaptación a este ambiente hostil.

Los entornos ruidosos son estresantes para las ranas

Para investigar el efecto del ruido proveniente de las carreteras sobre la fisiología de las ranas, un equipo de investigadores se dedicó a recolectar huevos de estos anfibios provenientes de estanques a diferentes distancias de carreteras concurridas. Específicamente, se tomaron huevos de estanques a menos de 90 metros de alguna carretera ruidosa y de estanques más aislados, a 5 kilómetros de distancia.

Posteriormente, esperaron que nacieran las ranas en el laboratorio para luego exponerlas a diferentes condiciones durante ocho días; en este sentido, los investigadores expusieron a estos anfibios al ruido del tráfico o a sonidos ambientales similares a los de un estanque tranquilo.

De esta manera se observó que las ranas provenientes de un estanque tranquilo secretaron una mayor cantidad de corticosterona, una hormona asociada al estrés, cuando fueron expuestas al sonido del tráfico. Esto quiere decir que los entornos ruidosos son estresantes para las ranas. En la misma línea, al ser expuestas al ruido, se observaron cambios en las funciones inmunes de estas ranas.

En particular, se observó un aumento de un tipo de glóbulos blancos, llamados monocitos, que tienen un importante rol en la producción de sustancias importantes para la piel, llamados péptidos antimicrobianos.

Estos péptidos representan un sistema de defensa inmunológica que evitan infecciones por bacterias y hongos que podrían ocasionar la muerte de estos animales. Por tanto, los investigadores concluyen que el exceso de ruido es estresante para las ranas, ocasionando respuestas inmunitarias que pueden tener peligrosas consecuencias para su salud.

Si bien las ranas se han adaptado, esto aún implica consecuencias negativas

Dado el fenómeno, los investigadores se interesaron en saber si las ranas que han estado constantemente expuestas a ruidos extremos han desarrollado algún mecanismo que les permita adaptarse a estas condiciones adversas. Al respecto se esperaba que la continua exposición al ruido provocara la supresión de las respuestas de estrés. Así, para probar esto, se trabajó con las ranas provenientes de estanques ruidosos.

Tal como se esperaba, se observaron niveles normales de corticosterona en las ranas originarias de entornos ruidosos. Esto sugiere que estos anfibios se han adaptado a estas condiciones al suprimir las respuestas de estrés; sin embargo, aún se desconoce si la supresión del estrés está únicamente relacionada al ruido de forma específica o si es algo más generalizado.

En este sentido, si bien esta supresión es beneficiosa, pues amortigua los efectos negativos de las condiciones adversas, podría hacer que las ranas sean más susceptibles al ataque de algún depredador. Por otro lado, cuando las ranas acostumbradas a entornos ruidosos fueron expuestas a los sonidos de un estanque tranquilo, se observó un aumento en el recuento de monocitos, tal como en el caso anterior.

Esto sustenta la idea de que estas respuestas inmunitarias suelen producirse ante situaciones desconocidas y, por ende, estresantes. Por tanto, los investigadores concluyen que el exceso de ruido es estresante para las ranas, lo que podría tener consecuencias negativas a corto, mediano y largo plazo. Bajo esta premisa, queda clara la necesidad de implementar estrategias a fin de proteger a estos animales de estas condiciones adversas creadas por el hombre.

Referencia: Frogs adapt to physiologically costly anthropogenic noise, (2018). https://www.doi.org/10.1098/rspb.2018.2194