Seguramente te ha sucedido que al ver y oler una comida se te hace agua la boca, una de las respuestas fisiológicas más comunes. Pero como sugiere una reciente investigación, la reacción del cuerpo a la percepción de los alimentos sobrepasa la acción de las glándulas salivales.

Los resultados de un estudio en ratones muestran que ver y oler los alimentos puede ser suficiente para iniciar procesos en el hígado que promueven la digestión de los alimentos.

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Actividad neuronal

La investigación muestra que las neuronas específicas que se activan en ratones recién alimentados también se accionaron en ratones que sólamente vieron y olfatearon los alimentos. Estos comestibles inaccesibles provocaron que sus hígados se prepararan para la ingesta de nutrientes y calorías, a pesar de no haber consumido nada.

los investigadores creen que esta respuesta neuronal podría influir en la producción de insulina y jugar un papel en trastornos metabólicos como la obesidad.

Se sabe que nuestros cuerpos activan diferentes neuronas según nuestros niveles de hambre. Después de períodos prolongados de ayuno, el cerebro aumenta la producción de neuronas relacionadas con la proteína agutí (AgRP), que estimula el apetito e impele a la búsqueda de comida.

Una vez encontrado e ingerido dicho alimento, se activan las neuronas de proopiomelanocortina (POMC), que son proteínas que suprimen el apetito y ofrecen la sensación de saciedad.

Durante años, se pensó que la única forma de activar las neuronas POMC e inhibir las neuronas AgRP era a través del consumo de alimentos. Pero los investigadores descubrieron que basta con exponer a los ratones a ver y oler los alimentos para activar las neuronas POMC e inhibir AgRp.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores establecieron diferentes parámetros alimenticios y observaron las respuestas fisiológicas de los ratones.

Observando reacciones

En el estudio, un conjunto de ratones fue sometido a ayuno durante 16 horas y posteriormente dividido en tres grupos: uno que fue alimentado, uno que podía ver y oler los alimentos, pero no comerlos, y uno que permaneció en ayuna.

La investigación muestra que ver y oler los alimentos puede ser suficiente para iniciar procesos en el hígado que promueven la digestión.

Los autores del estudio encontraron que después de sólo cinco minutos de olfatear y observar los alimentos, se estimularon suficientes neuronas POMC para activa vías en el hígado que ayudan a convertir los aminoácidos de los alimentos en proteínas plegadas.

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Estas reacciones, que también se observaron en los ratones alimentados pero no en los ratones en ayunas, sugieren que ver y oler los alimentos es suficiente para desencadenar neuronas POMC en el cerebro y preparar al hígado para obtener calorías, nutrientes y saciedad.

Si bien estas respuestas no han sido confirmadas en seres humanos, los investigadores explican que esta actividad neuronal podría influir en la producción de insulina y jugar un papel en trastornos metabólicos como la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2.

Referencia: Food Perception Primes Hepatic ER Homeostasis via Melanocortin-Dependent Control of mTOR Activation. Cell, 2018. https://doi.org/10.1016/j.cell.2018.10.015

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