El reino animal alberga un gran arsenal que incluye garras, mandíbulas, aguijones y espinas. Pero, en lo que se refiere a armas casera, una colección de animales se distingue sobre las demás: los artiodáctilos, el grupo de mamíferos que incluye ciervos, antílopes, cabras, jirafas, cerdos, búfalos y vacas.

La mayoría de los artiodáctilos masculinos tienen algún tipo de arma sexual, incluyendo astas, cuernos o colmillos, pero no se conoce qué factores ecológicos promueven su evolución.

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Por siglos las personas han estado fascinadas con estas armas, pero los científicos todavía no están seguros de por qué estos animales tan estrechamente relacionados desarrollarían tantas estrategias diferentes para el combate.

¿Dagas o sables?

Para comprender esta variación, investigadores de la Universidad Estatal de California midieron los colmillos y compararon los hábitats y el comportamiento de 63 especies de artiodáctilos, a fin de determinar qué impulsa la evolución de colmillos en algunos especímenes y cuernos o astas en otros.

Los combates, además de consumir toneladas de energía, expone a los animales a riesgo de sufrir lesiones

El resultado de este análisis reveló que los animales que evolucionaron para ser más pequeños presentan colmillos más grandes y largos. Del mismo modo, las especies que evolucionaron para ser más grandes parecían abandonar sus armas bucales a favor de las armas craneales, como astas o cuernos.

Los investigadores también encontraron una conexión entre el tamaño de los colmillos y la estructura social de los animales, en la que las especies que conforman grupos sociales vieron una reducción en el tamaño de los colmillos; consecuentemente, las criaturas más solitarias retuvieron los cortantes y punzantes dientes.

Esta observación tiene sentido cuando se considera que los artiodáctilos solitarios tienden a vivir en hábitats cerrados, como las densas selvas tropicales, mientras que los artiodáctilos más grandes y sociales con frecuencia habitan en áreas más abiertas.

Un factor que podría explicar por qué no parece una buena idea desarrollar grandes armas craneales en entornos donde predomine una vegetación densa, es la alta probabilidad de que un movimiento equivocado pueda ocasionar que el animal se enrede de tal manera, que puede quedar varado y morir de hambre o vulnerable a los depredadores.

El estudio encontró que la estructura social de los animales juega un papel: las criaturas más solitarias retuvieron los colmillos.

Buscando intimidar

Pero en espacios abiertos, además de minimizarse el riesgo a enredarse, las grandes ornamentas ofrecen una ventaja competitiva: publicidad. Al ser visibles a la distancia, los cuernos y las astas envían un claro mensaje intimidatorio que hace que algunos opten por evitar el combate.

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No hay que olvidar que las peleas resultan costosas, no sólo consumen toneladas de energía, sino que cada batalla expone al animal en riesgo de sufrir lesiones, lo que podría afectar su capacidad para competir por las hembras o incluso sobrevivir.

Si bien los resultados de este estudio aportan elementos esclarecedores sobre los factores que impulsan la evolución de colmillos o astas y cuernos, aún quedan algunas preguntas sin respuesta sobre por qué las diferentes especies tienen diferentes tipos de armas o por qué algunas especies no poseen ninguna arma, y en esa dirección deben apuntar los futuros estudios.

Referencia: Stabbing Slinkers: Tusk Evolution Among Artiodactyls. Journal of Mammalian Evolution, 2018. https://doi.org/10.1007/s10914-018-9453-x

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