La mayoría de los adultos, en algún momento de sus vidas, habrán experimentado algún fracaso amoroso potencialmente devastador; esto incluye desde el rechazo de la persona amada, hasta una ruptura de pareja un tanto traumática.

Cuando ocurren situaciones como estas, se suelen buscar culpables, desde la expareja hasta una tercera persona que afectó la relación. Sobre este tema, siguiendo los resultados de una investigación reciente, nuestras madres pudiesen tener una cuota de responsabilidad sobre nuestros fracasos en el ámbito del amor y las relaciones de pareja.

Tendemos a repetir los patrones de nuestras madres

La investigación estuvo a cargo de Claire Kamp Dush, una Profesora de Desarrollo Humano y Ciencia Familiar en la Universidad Central de Ohio. Específicamente, Dush y su equipo trabajaron con los datos de dos estudios longitudinales que han seguido el desarrollo de las mismas personas durante décadas.

La primera de ellas fue la Encuesta Nacional Longitudinal de la Juventud, realizada en 1979; por su parte, en segundo lugar se trabajó con la Encuesta Nacional Longitudinal de la Juventud: Niños Jóvenes y Adultos; en esta última se incluyeron los hijos de las mujeres que participaron en el primer estudio. De esta manera, los investigadores trabajaron con información sobre las relaciones de pareja de 7.152 personas del segundo estudio, además de datos respecto a las relaciones de pareja de sus madres.

Así, tras analizar la información, se encontró una relación directamente proporcional entre la cantidad de parejas de las generaciones más jóvenes y la cantidad de parejas que tuvieron sus madres a lo largo de su vida; esto quiere decir que madres e hijos pudiesen compartir la misma cantidad de relaciones de pareja a lo largo de sus vidas. Dados los resultados, los investigadores se dedicaron a analizar las causas.

¿Qué tienen que ver nuestras madres con nuestros fracasos amorosos?

En la infancia aprendemos a comportarnos como nuestros padres y, sin darnos cuenta, podemos adquirir algunos de sus problemas.

Una primera hipótesis respecto a la relación entre la cantidad de parejas de las madres y la cantidad de parejas de los hijos giraba en torno a la inestabilidad económica resultante de cada ruptura experimentada por las madres. Al respecto se cree que la inestabilidad financiera debida a la ruptura de pareja de las madres podría afectar los niveles educativos de sus hijos, lo que, en el futuro podría ser un factor desestabilizante en sus relaciones de pareja; no obstante, este factor no fue explicativo de la asociación.

Por su parte, los investigadores se plantearon la posibilidad de que los hijos, al estar expuestos a las rupturas de pareja de sus madres, podrían tener menos afinidad respecto a temas relacionados al compromiso.

Si esto fuese cierto, los hijos mayores, al haber estado expuestos a una mayor cantidad de separaciones de pareja habrían tenido una mayor cantidad de problemas en sus relaciones que los hijos menores; sin embargo, este no fue el caso, ya que no se encontraron diferencias entre los hermanos.

Finalmente, los investigadores sugieren que es posible que las madres que afrontaron una mayor cantidad de separaciones de pareja tuviesen más problemas interpersonales que luego le transmitieron a sus hijos. En este sentido, es probable que estas madres hayan tenido dificultades para comunicarse adecuadamente, así como problemas en habilidades como la solución de problemas, u otras deficiencias que les dificultaban mantener una relación estable.

Posteriormente, los hijos adquirieron comportamientos, características y problemas similares, lo que explicaría las semejanzas en torno a las relaciones de pareja y los fracasos amorosos. Sin embargo, esta explicación aún debe ser corroborada, por lo que se recomiendan otras investigaciones que permitan explicar definitivamente el fenómeno.

Referencia: The intergenerational transmission of partnering, (2018). https://doi.org/10.1371/journal.pone.0205732