A medida que las personas envejecen, van perdiendo habilidades motrices; en este sentido, es más probable que los ancianos sufran alguna caída; de hecho, con frecuencia las personas mayores se ven obligadas a asistir al hospital a causa de caídas. Aún más, con el pasar de los años, el cuerpo humano va perdiendo resistencia, por lo que es más probable que ante alguna caída, los ancianos sufran de alguna lesión.

Sobre esto, los expertos aseguran que después de los 65 años, las lesiones producto de caídas son relativamente frecuentes; sin embargo, en esta población, las consecuencias de una caída pueden ser bastante graves o hasta mortales.

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Las fracturas pueden ser devastadoras para las personas mayores

Una fractura ósea es mucho más peligrosa para los ancianos que para las personas jóvenes; esto se debe a diversos factores. En principio, es importante aclarar que es más probable que las personas mayores sufran de lesiones importantes tras alguna caída o tropiezo.

Al respecto, es necesario tener en cuenta que el proceso de envejecimiento disminuye la resistencia del aparato músculo-esquelético; a esto hay que agregarle la posibilidad de que los ancianos sufran de osteoporosis o de alguna otra enfermedad que comprometa el sistema motor, los músculos y los huesos.

Aún más, este tipo de lesiones pueden desencadenar un impacto significativo sobre el estado de salud de las personas mayores; de hecho, se plantea que las fracturas óseas podrían aumentar el riesgo de muerte hasta en un 25% para los ancianos; en esta línea, estos riesgos pueden mantenerse hasta los 10 años posteriores a la lesión.

Además de las implicaciones que pueden derivarse de una caída, como una contusión cerebral, las fracturas óseas son particularmente peligrosas para los ancianos ya que estas pueden comprometer su estado general de salud; entre algunas consecuencias, tal como veremos a continuación, se cuentan la disminución de la movilidad, el riesgo de desarrollar neumonía, y la pérdida de la autonomía, lo que puede conllevar altas tasas de ansiedad e incluso depresión.

Además de la fractura, pueden presentarse peligrosas complicaciones

En primer lugar, debemos tener en cuenta que a medida que envejecemos, nuestro cuerpo se hace cada vez más frágil y disminuye nuestra capacidad de recuperación; por tanto, casi la mayoría de las personas mayores que sufren de alguna fractura ósea requieren de una intervención quirúrgica para reparar la lesión.

Así, una cirugía puede resultar sumamente riesgosa para los ancianos; la anestesia y la intervención quirúrgica en sí misma, añade estrés al organismo, especialmente en el corazón, lo que puede desencadenar o empeorar problemas cardíacos.

Adicionalmente, las fracturas requieren de una disminución de la movilidad, a fin de lograr la recuperación. Por tanto, las fracturas pueden conducir a que los ancianos terminen postrados en una cama, lo que puede generar diversas complicaciones; por ejemplo, el encamamiento prolongado puede producir llagas por presión, también llamadas escaras, que pueden ser difíciles de curar. Asimismo, al estar postrados en una cama, es más probable que pierdan tonicidad muscular, haciéndolos más propensos a sufrir de otra caída.

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Finalmente, el reposo absoluto puede incrementar los riesgos de desarrollar neumonía en los ancianos; esto tiene especial importancia en aquellos que han sido diagnosticados con problemas en el aparato respiratorio, tal como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, también conocida como EPOC.

Esto ocurre ya que la inmovilización impide que se expulsen las secreciones pulmonares, aumentando el riesgo de desarrollar pulmonía. Tal como vemos, las fracturas pueden ser devastadoras para las personas mayores; por tanto, teniendo esto en cuenta, resulta de suma importancia prevenir las caídas durante esta etapa de la vida.

Referencia: Persistence of Excess Mortality Following Individual Nonhip Fractures: A Relative Survival Analysis, (2018). https://doi.org/10.1210/jc.2017-02656

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