Una reciente investigación encontró evidencia de que la exposición a ciertos tipos de contaminación del aire en la infancia temprana, puede aumentar significativamente el riesgo de desarrollar autismo.

El estudio realizado en Shanghái por científicos de la Escuela de Salud Pública y Medicina Preventiva (ESPMP) de la Universidad de Monash, encontró que los infantes, con una edad de hasta 3 años, expuestos a partículas finas de algunos contaminantes al aire libre, tenían hasta un 78 por ciento más de probabilidades de desarrollar síntomas del trastorno del espectro autista (TEA).

Exposición en la vida temprana

Para la investigación, el equipo de investigación realizó un seguimiento de 124 niños con TEA y 1.240 niños sanos durante un período de nueve años.

La investigación encontró un fuerte vínculo entre la exposición a contaminantes del aire y los síntomas del trastorno del espectro autista.

Si bien investigaciones anteriores han vinculado la exposición prenatal a la contaminación del aire con el autismo, este estudio es el primero en analizar el potencial de esta asociación en la vida temprana.

El estudio analizó los impactos en la salud de tres tipos de partículas: PM1, PM2.5 y PM10. Estas partículas en el aire incluyen finos fragmentos de carbono, óxidos de azufre y compuestos orgánicos producidos principalmente por los procesos industriales, la quema de combustibles fósiles y las construcciones.

Los investigadores sostienen que los cerebros en etapa de desarrollo de los infantes son más vulnerables a la exposición de sustancias y elementos tóxicos que se encuentran en el medio ambiente.

Posibles explicaciones

Existen varios mecanismos potenciales que pueden explicar los resultados de este estudio. En primer lugar, la exposición a la contaminación del aire por PM puede afectar el sistema inmunológico de los recién nacidos, al reducir las células T y aumentar los linfocitos B en la sangre del cordón umbilical, alterando el sistema inmunitario, lo que ha sido vinculado con el autismo.

La quema de combustibles fósiles es uno de los principales contribuyentes a la contaminación del aire.

En complemento, un estudio encontró que la exposición a la contaminación del aire podría dañar la corteza prefrontal de los niños, lo que podría estar relacionado con su disfunción cognitiva.

Adicionalmente, estudios toxicológicos informaron que los componentes de PM, incluidos los hidrocarburos aromáticos policíclicos y los artículos de escape diesel, tuvieron un impacto en la actividad y función cerebral.

Finalmente, la contaminación del aire podría interactuar con el gen receptor de tirosina quinasa MET, un gen importante para el desarrollo neurológico durante la vida temprana, para aumentar el riesgo del TEA.

El autor principal del estudio, Dr. Yuming Guo, investigador afiliado al Departamento de Epidemiología de la ESPMP, manifestó:

“Estos efectos podrían explicar el fuerte vínculo que encontramos entre la exposición a contaminantes del aire y los síntomas de TEA, pero más se necesita investigación para explorar las asociaciones entre la contaminación del aire y la salud mental de manera más amplia.”

Referencia: Early life exposure to particulate matter air pollution (PM1, PM2.5 and PM10) and autism in Shanghai, China: A case-control study. Environment International, 2018. https://doi.org/10.1016/j.envint.2018.10.026