Trillones de virus, hongos, bacterias y otros organismos microscópicos, conocidos colectivamente como microbioma, son indispensables para digerir los alimentos, sintetizar vitaminas, reforzar el sistema inmunológico e incluso mantener la salud mental.

Por gramo, hay más bacterias en el intestino que en cualquier otro ecosistema en el mundo. Los científicos creen que tal abundancia obedece a que el intestino es muy hospitalario con sus huéspedes microbianos, ofreciéndoles un hábitat abundante en nutrientes.

Escenario contrastante

Pero un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Duke y la Universidad de Harvard cuestiona esa teoría.

Es sabido que en la naturaleza, en prácticamente en cada hábitat, los seres vivos compiten por los recursos. Ese hecho llevó a los investigadores a cuestionar por qué en el intestino tal escenario era tan contrastante.

El estudio explica por qué la dieta occidental, en donde la proteína tiene un rol preponderante, puede resultar inconveniente.

A fin de profundizar en esta cuestión, el quipo decidió medir los niveles de nitrógeno, uno de los nutrientes de las bacterias, en el microbioma intestinal. Para hacerlo, analizaron las excretas de 30 especies diferentes de mamíferos, incluidos elefantes, cebras y jirafas de Kenia, ovejas, caballos y ganado de Nueva Jersey y, por supuesto, humanos.

Poco generosos

Esos análisis revelaron que nuestros microbios intestinales tienen acceso a “sólo” un átomo de nitrógeno por cada 10 átomos de carbono, una cantidad que contrasta con la proporción de un átomo de nitrógeno por cada cuatro átomos de carbono, observado en la mayoría de las especies analizadas.

En términos simples, lo que encontraron los investigadores es que somos poco generosos con nuestros huéspedes microbianos. En esencia, esta restricción de nutrientes nos permite “esclavizar” a los microbios para que se vean obligados a satisfacer nuestras exigencias.

Los científicos creen que la abundancia de microorganismos obedece a que el intestino ofrece un hábitat abundante en nutrientes.

Para verificar que los niveles de nitrógeno realmente podrían mantener el microbioma bajo control, los investigadores alimentaron a ratones una dieta rica en proteínas, que naturalmente contienen una gran cantidad de nitrógeno. Cuando aumentó la cantidad de proteína, la cantidad de bacterias en el intestino de los ratones se multiplicó por diez.

Mucha proteína puede resultar inconveniente

Los hallazgos respaldan la idea de que hemos desarrollado una forma de mantener a las bacterias bajo control a través de la restricción de nitrógeno. También explica por qué la dieta occidental, en donde la proteína tiene un rol preponderante, puede resultar inconveniente.

Cuando las personas comen demasiada proteína, afectan la capacidad del intestino delgado para absorber ese nitrógeno y una mayor parte del nutriente termina llegando al intestino grueso, menoscabando la facultad de controlar las comunidades microbianas.

Estos resultados sugieren que los niveles de nitrógeno en el intestino ayudan a determinar el crecimiento bacteriano. No está claro si tener más o menos bacterias es bueno o malo, pero cuando ciertos tipos de microbios toman el control, generalmente resulta ser perjudicial para la salud.

Referencia: Microbial nitrogen limitation in the mammalian large intestine. Nature Microbiology, 2018. http://dx.doi.org/10.1038/s41564-018-0267-7

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