En la mayoría de las culturas se le enseña a las mujeres, desde que son muy niñas, que deben cuidar su virginidad a toda costa. En este sentido, el concepto de virginidad, hace referencia a la castidad; es decir, se dice que una persona es virgen si no ha tenido relaciones sexuales. No obstante, este criterio ha sido ampliamente criticado, pues puede someter a las mujeres a un sinnúmero de presiones sociales y humillaciones que afectan su integridad como seres humanos.

En líneas generales, el concepto de la virginidad tiene una connotación social; si bien existe una membrana dentro de la vagina, llamada himen, que está relacionada a la virginidad, en muchos casos, esta membrana está ausente o se rompe de forma natural ante actividades cotidianas, como manejar bicicleta. Más bien, el concepto de la virginidad femenina, está asociado al valor de la mujer.

En este sentido, como una forma de control de la sexualidad femenina, se ha defendido la idea de que una mujer virgen tiene mucho más valor que una que ya haya tenido relaciones sexuales; esto se traduce en humillaciones, tales como las pruebas de virginidad, que son un requisito indispensable en algunas culturas para trámites que pueden ir, desde un matrimonio, hasta conseguir empleo. Revisemos el origen de este concepto y las connotaciones que tiene asociadas.

Este es el origen del concepto de la virginidad

En un principio, el concepto de virginidad hacía referencia a Diosas independientes, como Artemisa; posteriormente, el concepto fue deformado.

Actualmente, la virginidad es un concepto asociado a la sexualidad. No obstante, en épocas remotas, este término se empleaba para denominar a las sacerdotisas lunares, a las que se les llamaba vírgenes. En esa época, una virgen era una persona que no estaba casada; es decir, que no pertenecía a ninguna otra persona. Etimológicamente, la palabra virgen, tiene su origen en una raíz latina que significa fortaleza, fuerza y habilidad. De hecho, esto se aplica a lo masculino a partir de la palabra “virle”, que se traduce como viril.

En cuanto a las mujeres, las antiguas diosas, como Diana o Isis, eran llamadas vírgenes; sin embargo, esto no tenía nada que ver con la castidad sexual, sino con la independencia.  Por su parte, los hebreos hablaban de vírgenes para referirse a doncellas o mujeres jóvenes; lo que se tradujo en que, más adelante, el término virginidad ya no estuviera relacionado a la independencia, sino a la pureza y la castidad; es decir, una mujer que no ha sido tocada por hombre alguno.

Al respecto, pudiese pensarse que la obsesión por la virginidad tiene su origen en las religiones abrahámicas – el judaísmo, el cristianismo y el islam-; sin embargo, esta obsesión es tan vieja como la agricultura, lo que implica que puede estar rondando por la sociedad desde hace unos 10.000 años.

De esta manera, el concepto de la virginidad femenina, al trasladarse desde una descripción de mujeres independientes, a mujeres jóvenes, hasta mujeres castas, cobra especial importancia, tal como el machismo, a la par del desarrollo del concepto de propiedad privada. En este sentido, al consolidarse la noción de la propiedad privada, se generaron prácticas de intercambio de mujeres entre los pueblos; esto servía, tanto para consolidar alianzas, como para evitar guerras. De tal forma, las mujeres empezaron a ser una valiosa moneda de intercambio y, entre más puras fuesen, su valor se incrementaba.

Así fue cómo el concepto de la virginidad femenina se hizo tan importante en la sociedad. Posteriormente, a partir de ello, gracias a una estructura social machista, se ha defendido la idea de que la sexualidad femenina, debe ser vigilada y controlada, manteniéndose en la actualidad; entonces, la obsesión con la virginidad femenina se ha incrustado en la mente de las personas como una forma de dominación, limitando el libre desenvolvimiento de las mujeres.

Muchas culturas comparten la tradición de la prueba de la virginidad

Muchas mujeres son obligadas a probar su virginidad para demostrar su valía.

En muchas culturas, como la latina y la china, se compartía la tradición de enseñar las sábanas empleadas durante la noche de bodas, manchadas de sangre, como prueba de la pérdida de la virginidad, ya que esto era indicador de que se había roto el himen. De hecho, en la Edad Media, los padres de la novia debían guardar estas sábanas a modo de evidencia de la virginidad de su hija; esto en caso de algún reclamo por parte del marido en cuanto a este tema.

En la actualidad, se mantienen tradiciones como esta o similares. Por ejemplo, en la cultura gitana, antes del matrimonio, se lleva a cabo un ritual en el que una de las matriarcas del clan rompe el himen de la novia con sus dedos para mostrar en un pañuelo los rastros de sangre a modo de prueba de la virginidad de las mujeres. Aún más, otras culturas, como la musulmana, deben ejecutar esta famosa prueba de sangre para demostrar la castidad.

En las bodas gitanas, se realiza un ritual en el que un pañuelo con gotas de sangre representan la virginidad de la novia.

Contrario a esto, existen otras etnias, como la tribu africana de Cewa, en las que, más bien, se tiene la creencia de que las mujeres que no tienen relaciones sexuales antes de su primera menstruación, tienen mayores probabilidades de enfermar y morir a corta edad. Por  tanto, en ocasiones, las niñas son forzadas a mantener relaciones sexuales antes de llegar a la pubertad.

Todas estas tradiciones pueden parecer barbáricas y, si bien muchos grupos sociales han dejado de lado estos rituales, de forma lamentable, aún existen sociedades que someten a niñas y a mujeres a humillaciones para probar su valor como vírgenes. Así, en al menos 20 naciones alrededor del mundo, mujeres y niñas son obligadas a demostrar su virginidad, bien sea para poder casarse o, para algo tan común como conseguir empleo.

En la mayoría de los casos, estas pruebas suelen ser realizadas por médicos, oficiales de policía o líderes comunitarios, quienes se dan a la tarea de valorar la virtud, el honor y el valor social de las mujeres; aún más, en algunos países, los profesionales sanitarios llevan a cabo una prueba de virginidad para comprobar si una víctima de violación, en efecto, fue asaltada sexualmente.

Técnicamente, las pruebas de virginidad se pueden llevar a cabo de tres maneras posibles; en primer lugar, se realiza una inspección al himen, con el objetivo de identificar alguna rasgadura; también, se toma en cuenta el tamaño de la abertura vaginal y, en ocasiones, una persona inserta sus dedos en la vagina, a fin de comprobar la virginidad de la mujer.

Esto se hace según la creencia de que la apariencia del aparato reproductor femenino puede dar indicios del historial de actividad sexual de las mujeres; sin embargo, muchos profesionales están en desacuerdo con esto.

En resumen, la obsesión con la virginidad femenina tiene un bagaje totalmente social y cultural; como vemos, en muchas culturas, el valor de una mujer se mide en función de su castidad, lo que tiene su origen en la percepción machista de la mujer como una moneda de intercambio. Esto motiva un sinnúmero de humillaciones, tales como las pruebas de virginidad que les exigen a algunas mujeres para casarse u optar por un empleo.

Las pruebas de virginidad son traumáticas, innecesarias y dolorosas

Diversas organizaciones encargadas de velar por los derechos humanos han condenado esta práctica humillante.

Instituciones tales como la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud, han solicitado que se eliminen las pruebas de virginidad como requisito para casarse u obtener empleo. Al respecto, se plantea que se trata de una práctica humillante, traumática, dolorosa e innecesaria que coarta los derechos de las mujeres.

Adicionalmente, respecto a esto, la Organización Mundial de la Salud plantea que ningún método puede, efectivamente, comprobar si una mujer o una niña ha mantenido relaciones sexuales; más bien, las pruebas de virginidad, y el concepto de virginidad en sí mismo, no es más que una muestra de discriminación de género que afecta a miles de mujeres alrededor del mundo.

Como hemos observado, las expectativas sociales respecto a que las mujeres deben seguir siendo castas al matrimonio están basadas en creencias estereotipadas y erradas en torno a la sexualidad femenina. Por tanto, se plantea que estas pruebas y las tradiciones que se conforman a su alrededor, representan una violación a los derechos humanos de las mujeres; aún peor, en los casos de agresiones sexuales, estas pruebas causan sufrimiento adicional, ya que imitan el acto original de violencia, haciendo que esta sea una situación más traumática.

En esta línea, estas prácticas se traducen en consecuencias negativas para las mujeres, tanto a nivel físico, como psicológico y social, que pueden ocurrir a corto, mediano y largo plazo; algunas de ellas incluyen depresión, ansiedad y trastornos de estrés postraumático. Por otro lado, los casos más extremos, pueden terminar en el suicidio de la víctima o en su asesinato en el nombre del honor de la familia.

Afortunadamente, en algunas naciones ya se han prohibido estas prácticas, además que se han promulgado marcos legales para castigar a aquellos que exigen este requisito; también, muchos profesionales de la salud, así como instituciones encargadas de velar por los derechos humanos, han denunciado y condenado esta práctica como la causa de importantes consecuencias negativas para la población femenina.

Aunado a eso, es necesario llevar a cabo campañas de concientización, a fin de derribar los mitos y prejuicios asociados a la virginidad femenina que, tal como vemos, no solo afectan la vida de miles de millones de mujeres y niñas alrededor del mundo, sino que se traducen en violaciones los derechos humanos de las mujeres a partir de prácticas que pueden considerarse como traumáticas.

Referencias:

  1. Virginity and patriarchy. https://doi.org/10.1016/0277-5395(82)90026-7
  2. The Ideology of Virginity. https://www.doi.org/10.2307/350880
  3. Deconstructing virginity – young people’s accounts of first sex. https://doi.org/10.1080/14681990050109827

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