Siempre las asociamos a Halloween pues las hemos visto desde siempre en películas y dibujos animados como parte la tradición que se celebra todos los años el 31 de octubre. Antes de animarte a decorar una, ¿sabes el origen de la costumbre?

La tradición tiene su origen en la Irlanda del siglo XVII y en realidad no tenía nada que ver con calabazas. En 1663, el término Jack-o-Lantern –como se conocen en inglés– era utilizado para referirse a hombre con linternas, y una década después en 1673, la gente comenzó a utilizarlo para referirse a unas misteriosas luces que aparecían en pantanos y huertos.

¿Cómo comenzaron a iluminarse?

Durante ese siglo, la gente solía pensar que las luces eran misteriosas porque siempre aparecían encendidas en ciertos lugares, pero la verdad es que tenía una razón por la cual varios vegetales aparecían en llamas.

Estas aparentes luces fantasmas se encendían como producto de los gases resultados del proceso de la descomposición de la planta que hacía combustión cuando entraba en contacto con electricidad, calor o cuando llevaban mucho tiempo oxidándose.

Sin embargo, esta explicación científica no existió sino hasta muchos años después, y en el ínterin  las personas solían creer en historias supersticiosas como que tenían que ver con un hombre llamado Jack.

La leyenda de Jack of the Lantern

En los 1500, rondaba la leyenda de un hombre al que se le conocía como Stingy Jack, un supuesto herrero al que un día el diablo invitó a tomar un trago y al no querer usar su dinero, le pidió que se convirtiera en moneda y en lugar de pagar, se fue y se llevó la moneda en la que se personificó el diablo, y no lo dejó cambiar de forma.

Eventualmente, Jack liberó al diablo pero le pidió a cambio que no se vengara de él ni que tampoco se quedara con su alma una vez muerto. Sin embargo, años más tarde, Jack volvió a jugárselas al diablo convenciéndolo de que se trepara a un árbol para que le bajase algo de fruta, pero pintó una cruz en el tronco para que el diablo no se pudiera bajar.

Luego lo liberó bajo las mismas condiciones de la vez anterior. Cuando Jack murió, no se le permitió entrar al cielo y como el diablo cumplió su promesa de no quedarse con su alma ni dejarlo entrar al infierno, el alma de Jack se quedó vagando por el mundo.

Para ayudarlo a “encontrar su propio infierno”, las personas comenzaron a colocar carbones encendidos dentro de nabos tallados para iluminarle el camino. De allí que quedara nombrado como ‘Jack of the Lantern’ –o Jack de la linterna– o en su versión coloquial ‘Jack O’Lantern’.

La migración irlandesa al continente norteamericano llevó consigo estas tradiciones que luego fueron reinterpretadas con los años, utilizando todo tipo de vegetales para celebrar la llegada del otoño.

En el siglo XIX, estas linternas quedaron como decoración tradicional cuando el entonces alcalde de Atlanta auspició una fiesta en la que su esposa decoró con muchas calabazas talladas con caras y una vela, dado que la calabaza es un vegetal de temporada.

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