Las llamadas aves elefante (Aepyornithida), los ejemplares aviares más grandes conocidos por la ciencia, vivían en la isla de Madagascar y se extinguieron en algún momento entre 500 y 1.000 años atrás, por razones que no aún están claras (aunque se sospecha de la actividad humana).

Si bien se sabe que estos grandes pájaros no voladores llegaban a alcanzar una altura de 3 metros y pesar más de 700 kilos, no existen datos directos sobre sus patrones de actividad, pero en general, se han considerado como animales herbívoros diurnos dotados con un agudo sentido visual.

Cerrando la brecha

Poco más se sabe acerca de la biología de las aves elefante, lo que representa una brecha crucial en la comprensión, tanto de la historia evolutiva de las aves elefante, como del ecosistema malgache prehistórico.

Los fósiles muestran que estos grandes pájaros llegaban a alcanzar una altura de 3 metros y pesar más de 700 kilos.

En este contexto, una investigación realizada por científicos de la Universidad de Texas aporta nueva y valiosa información sobre la ecología de las aves elefante.

Para el estudio, utilizando fósiles reales, los investigadores reconstruyeron digitalmente los cráneos de dos especies de aves elefantes. A partir de ese material, pudieron inferir la forma interior del órgano.

Usando sus cráneos reconstruidos, crearon “moldes” digitales de los cerebros de las aves elefantes, a la vez que hacían lo mismo con algunos parientes cercanos, tanto vivos como extintos.

Los investigadores encontraron que, en ambos moldes cerebrales de aves de elefante, el lóbulo óptico, una región responsable del procesamiento de la visión, era pequeño, y en la mayor de las dos especies estudiadas, estaba casi totalmente ausente. Esto indica que su vista era pobre, por lo que es probable que fueran animales nocturnos.

Si bien la mala vista es una característica consistente con su pariente más cercano, el kiwi de Nueva Zelanda, otras especies aviares similares a las aves elefante, como los avestruces, son diurnos y tienen una excelente vista.

Esta es la razón por la que nadie ha sospechado que las aves elefantes fueran criaturas de hábitos nocturnos. Los pocos estudios que especularon sobre cómo fue su comportamiento asumieron explícitamente que su actividad era diurna.

Mala visión, pero buen olfato

Pero los moldes también indicaron que las aves tenían grandes bulbos olfativos, regiones donde se procesa el olor, lo que sugiere que tenían un sentido del olfato elevado para compensar su mala visión.

Utilizando fósiles reales, los investigadores reconstruyeron digitalmente los cráneos de dos especies de aves elefantes.

Los investigadores informan que la especie de ave elefante más grande, tenía un bulbo olfativo grande, un rasgo típicamente asociado con un ambiente de bosque; mientras que las especies más pequeñas tenían un bulbo olfativo más pequeño, lo que sugiere que vivían en las praderas.

Los autores manifiestan que esto podría decirnos mucho sobre el ave, así como del entorno en el que vivió. Al respecto, el investigador Christopher Torres, académico en el Departamento de Biología Integrativa de la Universidad de Texas y autor principal del estudio, expresó:

“Estudiar la forma del cerebro es una manera realmente útil de conocer su anatomía y la relación entre el ave y el medio ambiente. Descubrimientos como estos nos brindan una visión ampliada de la vida de estas extrañas y mal entendidas aves”.

Los hallazgos del estudio no sólo ofrecen una visión de la anatomía y los patrones de conducta de las aves elefantes, también proporcionan una estampa de cómo fue la vida en general en Madagascar en el pasado.

Referencia: Nocturnal giants: evolution of the sensory ecology in elephant birds and other palaeognaths inferred from digital brain reconstructions. Proceedings of the Royal Society B, 2018. https://doi.org/10.1098/rspb.2018.1540

Más en TekCrispy