El ser humano es una especie intrínsecamente social; por tanto, son pocas las personas que pueden sentirse realmente bien a pesar de no tener contacto con nadie. De hecho, parte del bienestar subjetivo de las personas gira en torno a relaciones sociales satisfactorias; en este sentido, la soledad puede ser altamente perjudicial.

Tanto es así que, de acuerdo a una investigación reciente, se ha demostrado que la soledad es un factor de riesgo para la demencia; esto pone sobre la mesa la importancia de brindar un acompañamiento satisfactorio a las personas, a fin de promover un mejor estado de salud.

La soledad aumenta las probabilidades de desarrollar demencia

La investigación estuvo a cargo de científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Florida; específicamente, se emplearon datos de 12.000 personas que fueron recolectados durante toda una década; de esta forma, el estudio se corresponde con la investigación de mayor alcance sobre el tema hasta la fecha.

Así, el objetivo era determinar los efectos de la soledad sobre la salud mental de las personas. Para ello, se tomó en cuenta información sobre las interacciones sociales de los participantes y respecto a sus sentimientos de soledad; adicionalmente, cada dos años, los participantes eran evaluados con pruebas cognitivas.

Tras el estudio, se observó que 1.104 de los participantes desarrollaron demencia. De esta manera, los investigadores descubrieron que las personas que experimentaban mayores sentimientos de soledad, tenían hasta un 40% más de probabilidades de desarrollar demencia en la próxima década; esto fue válido aun después de ajustar otros factores de riesgo, tales como la diabetes, la hipertensión, el estilo de vida, entre otros.

Soledad no es estar solo, sino un malestar subjetivo

En este punto, es necesario aclarar que los sentimientos de soledad no siempre tienen que ver con la cantidad de interacciones sociales en las que las personas se involucran; más bien, se trata de una experiencia subjetiva de cada persona. En general, el sentimiento se refiere a la percepción de no encajar o de no pertenecer a un entorno social particular.

De esta manera, una persona puede sentirse completamente bien a pesar de no tener mucho contacto con las demás personas, pues las pocas interacciones sociales que mantiene son suficientes para satisfacer sus necesidades. Por su parte, otro individuo puede sentirse solo y aislado, a pesar de estar rodeado de muchas personas. En este sentido, la soledad gira en torno al sentimiento subjetivo de no pertenecer al grupo.

Así, la soledad puede ser realmente devastadora. Tal como se demostró, una de sus consecuencias negativas es que podría aumentar el riesgo de desarrollar demencia hasta en un 40%. Al respecto, los investigadores sugieren tres posibles explicaciones; en primer lugar, se propone que el malestar asociado a la soledad podría desencadenar un proceso de inflamación que, al perdurar en el tiempo, afecta al organismo, particularmente al sistema nervioso.

En segundo lugar se plantea la posibilidad de que las personas le hagan frente a este sentimiento a partir de comportamientos perjudiciales. Finalmente, los investigadores explican que, en ausencia de interacciones sociales satisfactorias, las personas sean incapaces de mantener su mente comprometida en actividades que promuevan una mejor salud mental; así, en ausencia de una motivación real, el funcionamiento cognitivo decae.

La buena noticia es que hay maneras de contrarrestar eso; en este caso, la soledad se trata de un factor de riesgo que se puede modificar a fin de evitar las consecuencias negativas asociadas.

Referencia: Loneliness and Risk of Dementia, (2018). https://doi.org/10.1093/geronb/gby112

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