Se ha hecho popular la creencia de que el momento del nacimiento contiene una recompensa emocional y fisiológica: después de las contracciones, la respiración y el empuje, cuando finalmente emerge el bebé, la madre experimenta un momento trascendente de amor puro.

Mucha sabiduría popular, incluyendo a los defensores del parto natural, sostienen que un “coctel” de hormonas embriaga a la nueva madre con un sentimiento de alegría y adoración hacia su hijo.

Expectativa creada

Las mujeres embarazadas reciben muchas referencias sobre la felicidad y la satisfacción que sentirán cuando llegue su bebé, lo que crea una gran expectativa; sin embargo, esta expectación no siempre es satisfecha.

El 20 por ciento de las nuevas mamás y papás no sienten un vínculo emocional real con el recién nacido en las horas posteriores al parto.

Muchas madres terminan sintiendo frustración y vergüenza cuando descubren que no experimentaron ese glorioso vínculo de amor puro del que le habían hablado.

Que el mito del amor por el nacimiento persista es el resultado de un común, pero erróneo concepto sobre lo que es el amor y la vinculación.

Ese vínculo es lo que hace que los padres se apresuren a entrar en la habitación de sus recién nacidos en medio de la noche ante el menor gemido. También es lo que hace que los padres quieran cuidar instintivamente a sus hijos.

En muchos casos la creación de este vínculo es inmediato, pero en ocasiones, la unión con el bebé lleva más tiempo.

Ciertamente, en muchos casos la creación de este vínculo es inmediato: los padres se enamoran en el instante en que miran a su pequeño bebé.

La excepción, no la regla

Pero en ocasiones, la unión con el bebé lleva más tiempo. Los estudios han encontrado que aproximadamente el 20 por ciento de las nuevas mamás y papás no sienten un vínculo emocional real con el recién nacido en las horas posteriores al parto.

A veces, les lleva semanas o incluso meses sentir ese apego; pero este hecho no debería hacer que los padres se sientan frustrados o se juzguen a sí mismos. Se trata de una situación normal que en la gran mayoría de los casos sólo requiere de un poco de tiempo.

Los padres, que no dan a luz a sus hijos, logran amarlos tanto como sus madres.

Está claro que todas las diferentes hormonas liberadas por la madre y el feto durante el parto tienen un papel específico que desempeñar en las interacciones posteriores entre la madre y el bebé.

Pero el razonamiento detrás del coctel hormonal que justifica el amor post parto excluye a los padres, que no dan a luz a sus hijos, pero que logran amarlos tanto como sus madres; lo mismo aplica para el amor entre los padres adoptivos y sus hijos, un sentimiento tan fuerte como el vínculo entre la familia biológica.

Sin duda, algunas madres sienten ese “flechazo” de amor hacia sus hijos y no se trata de un mito sino de un sentimiento real, pero no es una regla generalizada; hay muchas excepciones y no hay nada de malo en ello.

Referencia: New reasons and new ways to study birth physiology. International Journal of Gynecology & Obstetrics. https://doi.org/10.1016/S0020-7292(01)00512-4

Más en TekCrispy