Todas las sociedades tienen normas y valores que se supone deben guiar el comportamiento ciudadano; cuando una de estas normas es incumplida, la indignación suele traducirse en un conflicto en el que se enfrentan los distintos colectivos que conforman un determinado grupo social. En la actualidad, son muchos los ejemplos que pueden encontrarse de este fenómeno; tal es el caso del racismo.

En muchas oportunidades hemos sido testigos de complejos conflictos entre aquellos que se definen como víctimas del racismo y otros que defienden el status quo de la sociedad; de hecho, estos conflictos han llegado a ser sumamente violentos. La mayoría de las veces, estos problemas están motivados por la indignación; por lo tanto, este sentimiento suele considerarse como negativo.

Sin embargo, de acuerdo a diversas investigaciones, la indignación y los conflictos sociales no tienen por qué ser totalmente negativos; al respecto se plantea que estos sentimientos, canalizados de forma apropiada, pueden generar cambios positivos a largo plazo.

La indignación no tiene por qué ser necesariamente negativa

Desde la Psicología, se define la indignación como un sentimiento de ira ante la violación de una serie de normas morales compartidas. Por lo general, este sentimiento es considerado negativo, ya que suele conducir al conflicto; de esta manera, la indignación puede cegar la racionalidad de las personas, por lo que se involucran en manifestaciones que rápidamente pueden tornarse violentas.

No obstante, la mayoría de las investigaciones respecto al tema se han centrado en las consecuencias inmediatas de la indignación. Por su parte, otros estudios, basados en Psicología Intergrupal plantean que este sentimiento puede acarrear efectos positivos a largo plazo, gracias a acciones colectivas.

En este sentido, no todos los conflictos tienen por qué ser negativos; más bien, los expertos aseguran que, al canalizar la indignación de forma apropiada, este sentimiento puede promover acciones sociales positivas; en pocas palabras, la indignación puede tomarse como una señal de que cierta transgresión es injusta, por lo que deben implementarse cambios.

A modo de ilustración, en una investigación se demostró que las mujeres que leen información sobre el sexismo, además de enojarse, muestran una mayor probabilidad de unirse a acciones colectivas en favor de la igualdad de género. Esto sugiere que la indignación favorece la participación en acciones políticas a fin de lograr cambios positivos.

La indignación puede movilizar a las personas para lograr cambios positivos

En resumen, los investigadores plantean que es necesario centrarse en el efecto acumulativo de la indignación, más allá de las consecuencias inmediatas. Investigaciones en torno al tema demuestran que cuando las personas se sienten indignadas empiezan a prestar más atención a elementos importantes que deben cambiar en la sociedad; de esta manera, es más probable que estas personas se unan a iniciativas para promover cambios sociales.

Si bien esta emoción puede anular el pensamiento crítico de las personas, tal como ocurre en las redes sociales cuando se inician campañas de desprestigio contra personajes que han atentado contra las normas convenidas, se han observado casos en los que la indignación genera cambios positivos en el futuro.

En torno a esto, los investigadores concluyen que, la indignación, canalizada apropiadamente, además de la empatía, puede representar un motor del cambio social; por tanto, se sugieren más investigaciones, a fin de presentar un enfoque más integrado en el que se tome en cuenta esta perspectiva.

Referencia: The Upside of Outrage, (2018). https://doi.org/10.1016/j.tics.2018.09.006

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