Algo muy común pero de lo que se habla poco, es del placer que podemos llegar a sentir los seres humanos antes las desgracias ajenas. Esto puede parecer una faceta muy oscura del ser humano; sin embargo, todos, en algún momento, hemos sentido al menos un grado de este sentimiento.

Tras hacer una revisión exhaustiva de este fenómeno, un equipo de investigadores ha revelado que este placer ante las desgracias ajenas tiene tres facetas distintas pero relacionadas; adicionalmente, se propone que, al aprender a ser más empáticos, podría ser posible disminuir este fenómeno.

Detrás de este placer se esconde un proceso de deshumanización

Es bastante probable que todos, en algún momento de nuestras vidas, hayamos sentido placer ante alguna desgracia que le ocurre a otra persona; si bien esto puede parecer algo maquiavélico, también demuestra nuestro lado humano. Para entenderlo, basta con imaginarse que se ejecuta la sentencia a muerte de una persona que agredió sexualmente a cientos de niños.

Al respecto, Shensheng Wang, candidato a Doctorado en Psicología de la Universidad de Emory, plantea que detrás de este placer se esconde un proceso de deshumanización; cuando esto ocurre, percibimos a las demás personas o grupos sociales como carentes de las cualidades que definen a un ser humano.

Esto puede ocurrir de forma sutil, como creer que personas de otras etnias no tienen los mismos sentimientos que nosotros, o de formas más extremas, como comparar a los agresores sexuales con animales salvajes. Adicionalmente, si bien pueden haber personas más propensas a deshumanizar a los demás, este también puede ser un fenómeno situacional asociado al contexto en el que nos hallamos.

Autoevaluación, justicia social y agresión intergrupal

Si bien es un sentimiento normal, es necesario evitar dañar a otros por placer.

Existen tres planteamientos teóricos que explican por qué podemos llegar a sentir placer ante las desgracias ajenas. La primera de ellas es la teoría de la envidia, que se centra en la preocupación por la autoevaluación y en la reducción de los sentimientos dolorosos cuando alguien que se percibe como envidiable es sujeto a una serie de desgracias; en este caso, el sentimiento de placer funcionaria como una defensa a la autoestima.

Por su parte, la segunda teoría gira en torno a la justicia social; de acuerdo a esta propuesta, el placer viene dado de la percepción de que las cosas malas que le ocurren a los demás representa una consecuencia de sus acciones. Finalmente, la teoría del conflicto intergrupal plantea que el placer representa la derrota de los miembros de un grupo rival, tal como ocurre en las competiciones deportivas o en las elecciones políticas.

Sobre esto, los expertos alegan que si bien se tratan de propuestas teóricas diferentes, es posible unirlas, ya que la preocupación por la autoevaluación, la justicia social y los conflictos intergrupales representan las principales motivaciones de este placer percibido ante las desgracias que le ocurren a los demás.

Este placer forma parte de nuestra naturaleza

Tal como se comentó anteriormente, si bien esto puede parecer un rasgo muy oscuro del ser humano, los expertos aseguran que forma parte de nuestra naturaleza. De hecho, investigaciones han demostrado que los bebés de hasta ocho meses empiezan a tener un sentido de justicia social.

En la misma línea, tras una serie de experimentos, se observó que a los nueve meses de edad, los niños aprenden a diferenciarse de otros y a adquirir nociones de agresión intergrupal. Adicionalmente, niños de hasta cinco y seis años, pueden sentir rencor hacia sus rivales, además de actuar en beneficio propio, incluso si esto significa un despropósito para los demás. De esta manera, cuando llegamos a la adultez, tenemos todo un repertorio que explica por qué podemos llegar a sentir placer ante las desgracias que le ocurren a otros.

Sin embargo, esto no significa que debemos darle rienda suelta a sentimientos como estos; si bien forman parte de nuestra naturaleza, los extremos implican rasgos de sadismo y psicopatía. Finalmente, los expertos aseguran que la empatía es el antídoto contra emociones como estas; aquellos que son capaces de empatizar en profundidad con otros, tienen menos probabilidades de sentir placer ante las desgracias de los demás.

Referencia: Schadenfreude deconstructed and reconstructed: A tripartite motivational model. https://doi.org/10.1016/j.newideapsych.2018.09.002

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