Los resultados explicarían por qué a pesar de reconocer ciertos lugares, podemos encontrar dificultades para desplazarnos en ellos.

Desde la antigüedad, los científicos se han preocupado por saber cómo el cerebro interpreta el constante bombardeo de información al que estamos expuestos continuamente; se trata, en líneas generales, de comprender cómo nuestra mente le da sentido a la información proveniente de los sentidos.

De esta manera, muchas investigaciones han demostrado como diferentes estructuras cerebrales se encargan de tareas particulares, para luego integrar esta información. En este caso, un equipo de investigadores ha descubierto que mientras un área de nuestro cerebro se encarga de reconocer el lugar en el que nos encontramos, otra estructura nos permite desplazarnos por estos entornos sin perder el rumbo.

Nuestro cerebro está altamente especializado

La mayoría de las personas tenemos la capacidad de ingresar a un sitio y reconocerlo, bien sea un dormitorio, un jardín o un baño; al mismo tiempo, somos capaces de movernos por estos entornos, reconociendo diferentes vías de movimiento. En el pasado, se creía que estas dos funciones cerebrales estaban unidas, ya que para desplazarnos por un lugar, es importante reconocerlo. Sin embargo, tal parece que estas son dos funciones cerebrales independientes.

Para investigar esto, Daniel Dilks, un Profesor Asistente de Psicología en la Universidad de Emory, junto a un equipo de científicos, diseñó un experimento. Específicamente, se empleó un juego de simulación de la vida real, en el que se mostraban tres imágenes digitales de lugares distintos; a saber, un dormitorio, una cocina y una sala de estar. Adicionalmente, para llegar a cada uno de estos lugares, era necesario atravesar un camino único y seleccionar una de tres puertas.

En este sentido, los investigadores le solicitaron a los participantes, mientras estaban conectados a un equipo de resonancia magnética funcional, que fijaran su mirada en una pequeña cruz blanca, tras la cual se reflejaba la imagen de una de las habitaciones. Así, los participantes debían imaginar que estaban de pie en dicha habitación, además de reportar si se trataba del dormitorio, la cocina o la sala de estar.

Por su parte, en una prueba independiente, los participantes debían imaginar que estaban atravesando el camino que les llevaría hacia determinada habitación. De esta manera, se observó que en cada tarea se activaba una estructura cerebral específica e independiente.

Estructuras específicas para tareas particulares

Diferentes estructuras cerebrales se encargan de tareas específicas que luego se integran como un todo en cuestión de segundos.

Tras el experimento, los científicos observaron que el área cerebral encargada de reconocer el lugar en el que nos encontramos es el parahipocampo; por su parte, un área del lóbulo occipital es la responsable de nuestra capacidad de desplazarnos por el entorno. En líneas generales, se descubrió que nuestro cerebro tiene estructuras específicas e independientes para el reconocimiento del entorno y para el desplazamiento en este.

Esto pudiese explicar por qué algunas personas con lesiones cerebrales pueden reconocer ciertos lugares, pero se les dificulta desplazarse en ellos y viceversa. Por tanto, los resultados pudiesen tener importantes implicaciones en torno al desarrollo de tratamientos para pacientes con lesiones en el cerebro. Adicionalmente, estos resultados pudiesen conducir al diseño de mejores sistemas de visión artificial, especialmente en el campo de los vehículos que se conducen por piloto automático.

Finalmente, los investigadores se han propuesto continuar la línea de investigación, a fin de develar los mecanismos de funcionamiento de estas estructuras cerebrales; adicionalmente, se espera conocer el por qué nuestro cerebro se ha organizado de tal forma. El objetivo último es comprender los mecanismos de percepción visual del cerebro y replicarlo en sistemas de inteligencia artificial.

Referencia: Dissociable neural systems for recognizing places and navigating through them, (2018). https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.1200-18.2018

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