Algunas personas son más productivas durante la mañana, mientras que otras empiezan su ciclo de productividad al caer la noche; al primer grupo de personas, las que prefieren levantarse temprano, se les conoce como alondras mañaneras; por su parte, el segundo grupo de individuos es denominado como búhos nocturnos.

Así, la convivencia entre estos dos tipos de personas puede ser un poco complicada; las actividades de los búhos nocturnos pueden perturbar el descanso de las alondras, y viceversa. Al respecto, siguiendo los resultados de una investigación reciente, la genética puede estar involucrada en estas diferencias.

¿Levantarse temprano o acostarse tarde?

En líneas generales, los búhos nocturnos suelen acostarse después de la media noche y dormir hasta pasadas las nueve de la mañana; por su parte, las alondras mañaneras, suelen estar despiertas desde mucho más temprano y acostarse a dormir apenas cae la noche. Sobre este tema, numerosas investigaciones han demostrado cómo el cerebro entre estos dos tipos de personas difiere, tanto en funcionamiento como en estructura.

Sin embargo, las causas de estas distinciones no habían sido clarificadas. Ahora, se sabe que la diferencia entre los ritmos circadianos de estas personas pudiese tener una base genética. Para analizar esto, un equipo de investigadores realizó un estudio de asociación de genoma completo con el ADN de aproximadamente 90.000 personas que forman parte de la base de datos genética 23andMe.

Al hacerlo, se descubrieron 15 patrones genéticos que se asocian a la tendencia de comportarse como una alondra mañanera; de estos patrones, una buena parte se relacionan con los patrones ya conocidos respecto a este comportamiento, mientras que otras partes se encuentran cerca de los genes responsables de que nuestros ojos detecten la luz. Por tanto, se tienen evidencias para afirmar que los genes determinan, en buena medida, la tendencia a despertarse temprano o dormir hasta tarde.

El ritmo circadiano no es estático

En ocasiones, nuestras actividades nos obligarán a acostarnos más tarde, por lo que nuestro ritmo circadiano se adaptará a las circunstancias.

En resumen, nuestros genes juegan un importante papel a la hora de determinar si seremos un búho nocturno o una alondra mañanera. Sin embargo, hay otros factores que deben tomarse en cuenta respecto a esta situación. Como se sabe, el ritmo circadiano no se mantiene estático durante toda la vida; habrán periodos en los que necesitaremos despertarnos más temprano, mientras que en otros momentos estaremos obligados a permanecer despiertos hasta altas hora de la noche.

Además, existen diferencias relacionadas al género que influyen sobre las necesidades de sueño. De esta manera, se ha observado que una mayor proporción de búhos nocturnos son hombres, mientras que las mujeres tienden a ser alondras mañaneras. Adicionalmente, la edad también representa un factor determinante. Los niños suelen despertarse más temprano, mientras que los adolescentes tienden a permanecer más tiempo en la cama durante el día y estar activos durante la noche.

Igualmente, a medida que envejecemos, nuestras necesidades de sueño suelen disminuir. Finalmente, es necesario tener en cuenta que ninguno de estos patrones es mejor que el otro, ya que cada uno se relaciona a cualidades distintas. Al respecto, la recomendación es mantener un horario de sueño acorde a nuestras necesidades sin caer en extremos peligrosos.

Referencia: GWAS of 89,283 individuals identifies genetic variants associated with self-reporting of being a morning person. https://doi.org/10.1038/ncomms10448

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