Los problemas de fertilidad afectan a millones de parejas alrededor del mundo. Al respecto, uno de los problemas más comunes gira en torno a las mujeres que, por una u otra razón, no pueden concebir por no tener útero o porque el que tienen no permite un embarazo viable.

Sin embargo, existe un procedimiento quirúrgico a partir del cual se trasplanta un útero en el organismo de una mujer sana, lo que le ha permitido tener hijos a mujeres que, de otra forma, no hubiesen podido. En este sentido, tal como veremos a continuación, se trata de un procedimiento novedoso que, si bien puede ser la solución para los problemas de fertilidad que afectan a miles de mujeres, no está exento de controversia.

Así fue como empezaron los trasplantes de útero

Primer trasplante de útero realizado en los Estados Unidos, en la Clínica Cleveland. Créditos: Cleveland Clinic.

La idea de un trasplante de útero data de los años 80, cuando el doctor sueco Mats Brännström tuvo que comunicarle a una joven australiana de 20 años que, para sobrevivir al cáncer cervicouterino que predecía, le tenían que remover el útero.

Ante esta noticia, con preocupación, la joven le preguntó al Doctor si existía la posibilidad de recibir un trasplante de útero para poder convertirse en madre en el futuro.

Si bien en un primer momento a Brännström le pareció una idea extravagante, no descartó la posibilidad, por lo que empezó a investigar sobre la viabilidad de un trasplante de útero.

De esta manera, inició ensayos con ratones, ovejas y cerdos, logrando exitosamente trasplantar dichos órganos en estos animales. Más aún, tras múltiples intentos, fue posible lograr embarazos viables en estos ensayos con animales, siendo este el objetivo principal del procedimiento.

Tras perfeccionar su técnica, en 2012, Brännström obtuvo el permiso de una junta médica de practicar la intervención quirúrgica en nueve candidatas suecas. Para ello, trabajaron con mujeres sanas, de entre 30 y 40 años que, por algún motivo, carecían de útero. De hecho, ocho de las nueve candidatas padecían del Síndrome de Rokitansky, lo que significa que habían nacido sin útero ni vagina.

Por su parte, la novena participante carecía de útero, pues le había practicado una histerectomía para tratar un cáncer. Además de las características antes mencionadas, las participantes debían tener una pareja estable y una donante con quien compartiesen el mismo grupo sanguíneo.

Así fue como en 2014, Brännström logró traer al mundo por primera vez a cinco bebés gestados en úteros trasplantados de donantes vivas. No obstante, a dos de las pacientes les tuvieron que retirar el útero trasplantado debido a complicaciones. Luego de esto, el procedimiento se intentó en diversas partes del mundo.

Por ejemplo, en el año 2000, se realizó un trasplante de útero con un donante vivo; sin embargo, el órgano tuvo que ser removido, luego del procedimiento. También, en 2011 se intentó repetir la hazaña en Turquía, pero los embarazos terminaron en abortos espontáneos. Finalmente, en 2017, nació el primer bebé gestado en un útero trasplantado en Estados Unidos, en el Baylor University Medical Center.

Así fue como gracias al trasplante de útero, algunas mujeres que carecen de este órgano, han logrado cumplir su sueño de ser madres. Sin embargo, es importante acotar que este procedimiento aún está en etapa experimental, por lo que no se realiza frecuentemente.

¿Cómo es posible el embarazo luego de un trasplante de útero?

Robert T. Gunby Jr. atendió el nacimiento del primer bebé nacido en los Estados Unidos de un útero trasplantado. Créditos: Shannon Faulk/Baylor University Medical Center at Dallas.

El trasplante de útero es un procedimiento quirúrgico complicado que implica grandes riesgos, tanto para las receptoras como para las donantes.

Primero, las donantes deben someterse a una intervención quirúrgica de 5 horas de duración que es más compleja que una histerectomía de rutina; incluso, para el trasplante se retira más tejido que en las histerectomías.

Por su parte, el proceso para las receptoras también es complejo, ya que, luego de un exhaustivo proceso de evaluación, en el que participan especialistas en trasplantes, obstetras, ginecólogos y psicólogos, son intervenidas quirúrgicamente para trasplantar el útero. Luego de esto, las pacientes deben enfrentar los riesgos postoperatorios y recibir medicamentos antirrechazo.

Adicionalmente, para poder quedar embarazadas, antes de la intervención quirúrgica, las receptoras del trasplante deben tomar medicamentos para estimular la producción de óvulos que luego serán extraídos para llevar a cabo un proceso de fertilización in vitro.

Esto se debe a que los ovarios de las mujeres trasplantadas no se conectan al útero de la donante, por lo que resulta imposible la concepción natural.

De esta manera, los embriones serán sometidos a un proceso de crioconservación hasta que sea posible transferirlos al útero trasplantado.

Así, luego de recuperarse satisfactoriamente, cuando se garantiza la salud y el funcionamiento del útero, un embrión es colocado dentro de este.

Si logra implantarse, un equipo de especialistas en obstetricia supervisará de cerca el embarazo, pues se le considera de alto riesgo. Entre las semanas 37 y 39 de embarazo, las mujeres deben someterse a una cesárea, a fin de evitar que el útero trasplantado sea expuesto a demasiado estrés.

De esta forma, el trasplante de útero es temporal; el órgano permanece en el cuerpo de la mujer hasta que esta logra concebir uno o dos hijos, luego de lo que es retirado a fin de que la paciente deje de tomar los medicamentos antirrechazo.

El trasplante de útero aún se encuentra en etapa experimental

Representación gráfica de un embarazo en un útero trasplantado.

A pesar de que el trasplante de útero aún se encuentra en fase experimental, se considera como un procedimiento exitoso. De hecho, alrededor del mundo están en marcha diversos proyectos sobre esta intervención quirúrgica.

Hasta el momento, se han llevado a cabo más de 30 trasplantes de útero en países como Brasil, Alemania, China, India, la República Checa, India, Arabia Saudita, Estados Unidos, entre otros. Adicionalmente, se está evaluando la posibilidad de llevar a cabo esta intervención con asistencia de robots.

El objetivo de esto es manejar con mayor facilidad el desafío de trabajar dentro de la pelvis femenina, tal como ocurre en algunas operaciones de cáncer de cuello uterino. De esta manera, al usar asistencia robótica, se espera que los trasplantes uterinos sean más rápidos y la recuperación sea menos complicada.

Otro aspecto que continúa en evaluación es el uso de donantes fallecidas, pues, para el momento, se emplean únicamente donantes vivas, quienes suelen ser parientes de las receptoras. De esta manera, el trasplante de útero se corresponde con un campo en actual crecimiento internacional, sobre el que se están llevando a cabo numerosas investigaciones.

Por tanto, se espera que en un futuro no muy lejano, este procedimiento se realice fuera de la esfera experimental, convirtiéndose en una posibilidad para miles de mujeres que son incapaces de tener hijos.

No obstante, como cualquier tema en el ámbito de la salud, tal como veremos a continuación, este procedimiento implica una serie de dilemas éticos que deben ser considerados concienzudamente.

Dilemas éticos asociados al trasplante de útero

El tema del trasplante de útero ha puesto sobre la mesa algunos dilemas éticos a considerar. Al respecto, algunos investigadores proponen que este procedimiento supera algunos de los problemas asociados a la gestación subrogada.

La gestación subrogada se trata de una práctica en la que una mujer presta o alquila su útero para que otra mujer geste a su hijo. Esto ha traído algunos problemas tales como la comercialización de vientres y la explotación del cuerpo de cientos de mujeres alrededor del mundo.

Contrario a lo planteado anteriormente, investigaciones recientes sugieren que el trasplante de útero está sujeto a los mismos problemas que la gestación subrogada, tales como los siguientes.

El trasplante de útero puede someter a presión a las donantes, amenazando su autonomía.

A este respecto, puede ocurrir que, en lugar de que las donantes participen por voluntad propia, lo hagan como resultado de la presión de sus seres queridos.

En este sentido, la mayoría de las donaciones de útero son realizadas por parientes de las pacientes,  por tanto, las donantes pueden sentirse moralmente obligadas a participar del procedimiento. Esto sin contar que efectivamente estén sujetas a presiones externas que no les dejan otra opción más que donar su útero.

El trasplante de útero puede conducir a la explotación del cuerpo de las mujeres

Tal como ocurre con la gestación subrogada, en torno a la donación de úteros puede formarse un mercado a partir del cual se les ofrezcan compensaciones a las mujeres por participar del procedimiento.

Así, con el transcurrir del tiempo, es posible que los úteros se conviertan en otro órgano más del mercado negro, como es el caso de los riñones.

No se tiene suficiente información sobre los riesgos que corren los niños gestados en úteros donados

Teniendo en cuenta que muy pocos niños han nacido bajo este procedimiento, no se han llevado a cabo suficientes investigaciones en torno a los riesgos tanto físicos como psicológicos a los que pueden estar sujetos los niños que han nacido de un útero trasplantado.

Por esto es que se les recomienda a las mujeres embarazadas dormir sobre el lado izquierdo del cuerpo

Teniendo esto en cuenta, se puede afirmar que el trasplante de útero no escapa de los problemas éticos asociados a la gestación subrogada, por lo que son necesarias más discusiones que permitan dar respuestas a estos dilemas éticos.

En conclusión, si bien el trasplante de útero es un procedimiento revolucionario que le permitiría a miles de mujeres cumplir su sueño de convertirse en madres, es necesario continuar las investigaciones a fin de que sea un procedimiento totalmente seguro, a nivel físico y psicológico, tanto para las donantes como para las receptoras.

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