En julio pasado, TekCrispy informó sobre BlackFly, un coche volador cuyo impulso a nivel de financiamiento estuvo respaldado por el cofundador de Google, Larry Page. En ese momento, conocimos que se trata de un vehículo que puede ser dirigido a través de un control remoto o volar de forma autónoma.

En el video de presentación de BlackFly, pudimos apreciar que su principal atractivo radica en el diseño, cuyas zonas curvas le permite ejecutar aterrizajes en superficies planas y sobre el agua. La startup Opener, con sede en Palo Alto, California, es la responsable de la fabricación del coche volador, y una de sus visiones es poder crecer en la producción de este tipo de vehículos a fin de hacer mucho más accesible la tecnología a todo el mundo.

Ahora, un informe de CNBC ha ofrecido una mirada más profunda a los objetivos de la startup, y ha conversado con Alan Eustace, también ex ejecutivo de Google, quien trabaja en la empresa como asesor técnico. Él explicó que la visión del futuro de Opener es lograr que estos coches sean lo suficientemente baratos para que una familia promedio pueda comprarlos. En este sentido, aseguró que BlackFly podría resolver una posible crisis de transporte en los próximos años.

Eustace revela que una vez implementada la tecnología, los usuarios podrán desplazarse de Palo Alto a San Francisco en apenas 11 minutos, para ilustrar la eficiencia del coche en un viaje que por lo general tarda más de 90 minutos en un coche tradicional. Durante las pruebas, ha alcanzado velocidades de hasta 112 Km/h, sin embargo, las regulaciones de cada país determinarán la clasificación del coche con respecto a la velocidad.

En 2019 comenzará a venderse la primera camada de coches BlackFly, sin embargo, la regulación actual, al menos en EE.UU, restringiría su uso a las zonas rurales del país. Sin embargo, su clasificación de vehículos ‘ultraligeros’ hace que no requieran de licencia para operar.

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