El mandato cultural dicta claramente que en presencia de los hijos, los padres deben contener las emociones negativas y mantener la compostura en todo momento. A los padres se les enseña a nunca disciplinar a su hijo con ira, a mantener el conflicto entre adultos y a hablar con los niños de una manera que priorice su bienestar y autoestima.

Pero, ¿es esta la actitud que un padre debe tener frente a sus hijos? Un estudio sobre la regulación emocional en los padres lo desaconseja.

Consecuencias perjudiciales

El estudio realizado por científicos de la Universidad de Toronto sugiere que cuando un padre reprime o disfraza sentimientos negativos, hay consecuencias perjudiciales para el bienestar de los padres y para la relación padre-hijo.

De acuerdo a los investigadores, los padres no deben ocultar emociones o desatarlas por completo sin límites.

Los investigadores descubrieron que cuando los padres sentían emociones negativas, como la ira, la frustración y el resentimiento, y los ocultaban a sus hijos, los padres experimentaban una menor calidad de relación y una menor capacidad de respuesta a las necesidades, el bienestar y la autenticidad de sus hijos.

Tres escenarios

Hay tres conceptos a considerar cuando se trata de una presentación emocional frente a los niños: supresión, expresión no contenida y hablar sobre las emociones.

La expresión no contenida por parte de los padres tampoco es útil para el niño.

La supresión de la emoción es cuando una persona oculta los signos externos de una emoción. Desafortunadamente, no funciona muy bien: el acto de suprimir la emoción en realidad aumenta la presión arterial y la excitación fisiológica.

Más aún, los presentes pueden captar la angustia a pesar de los esfuerzos por ocultarla y hacer que se sientan estresados ​​también.

Investigaciones han encontrado que cuando los padres sienten emociones negativas, como enojo o resentimiento, y las retienen de sus hijos, experimentan una menor calidad de relación y una menor capacidad de respuesta a las necesidades de sus hijos.

La expresión no contenida por parte de los padres tampoco es útil para el niño. Incontenida significa la expresión de una emoción de alta intensidad, sin intentos de regular o tomar posesión de ella. Gritar, llorar, lanzar o romper cosas, así como culpar a alguien más, son todos ejemplos de esto.

Los extremos no son la respuesta

Por lo tanto, queda claro que los extremos representados en la supresión emocional y en la expresión no contenida, no son la respuesta, y como en muchos otros casos de la vida, lo deseable es conseguir un equilibrio.

Los extremos no son la respuesta. Lo deseable es asumir una actitud en donde los padres puedan hablar sobre las emociones con sus hijos.

Claramente, los padres no deben ocultar emociones o desatarlas por completo sin límites. El balance se encuentra en una actitud en donde los padres hablen sobre las emociones con sus hijos, apropiarse de ellas y mostrarles que se está tratando de enfrentarlas.

Sólo este escenario ofrece una oportunidad para que el niño aprenda sobre las emociones y sobre cómo lidiar con ellas. En este estilo de crianza, las emociones negativas son vistas como una oportunidad para que los niños aprendan a resolver problemas.

Referencias:

The Costs of Suppressing Negative Emotions and Amplifying Positive Emotions During Parental Caregiving, Personality and Social Psychology Bulletin, 2016. https://doi.org/10.1177/0146167216629122

Understanding the social effects of emotion regulation: The mediating role of authenticity for individual differences in suppression. Emotion, 2013. https://doi.org/10.1037/a0029847

The social consequences of expressive suppression. Emotion, 2003. https://doi.org/10.1037/1528-3542.3.1.48

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