Las redes sociales son estructuras sociales compuestas por actores participantes que se relacionan en función de un criterio común, el cual puede ser profesional, familiar o de amistad. Así, a lo largo de los años, las redes sociales se han convertido en un fenómeno global que las personas utilizan constantemente con diversos fines.

Algunas de las redes sociales más utilizadas son Facebook, Instagram, WhatsApp y YouTube, las cuales le facilitan a sus usuarios mantenerse en contacto con las personas de su interés. En este sentido, el uso de las redes sociales puede acarrear múltiples beneficios; sin embargo, su uso inadecuado se corresponde con un patrón de comportamiento que puede ser perjudicial en distintos niveles.

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Al respecto, se plantea que las personas que usan de forma inadecuada las redes sociales pueden desarrollar una especie de adicción. No obstante, la idea de la adicción a las redes sociales tiene una serie de implicaciones importantes, por lo que merece ser cuestionada.

Adicción a las redes sociales

Tal como vemos, si bien las redes sociales pueden implicar múltiples beneficios, como mantenernos conectados con otras personas que se encuentran lejos de nosotros, cuando su uso se traduce en un alejamiento de la vida real, además de inducir la ansiedad y generar una pérdida del autocontrol, se empieza a hablar de adicción a las redes sociales.

En otras palabras, se entiende por adicción a las redes sociales al comportamiento que supone una completa absorción y una alteración grave en el funcionamiento cotidiano de las personas afectadas.

En este sentido, los llamados adictos a las redes sociales se concentran en disfrutar de los beneficios y de la gratificación inmediata de estas plataformas, dejando de lado las potenciales consecuencias negativas que pueden presentarse en el futuro. De esta manera, la adicción a las redes sociales se traduce en aislamiento, desinterés por otros temas, alteraciones del sueño, pobre funcionamiento en la vida cotidiana y hasta cambios de humor, como ansiedad, depresión e irritabilidad.

A este respecto, se plantea que hay personas más vulnerables a desarrollar esta adicción, tales como los adolescentes, las personas impulsivas e inestables emocionalmente y aquellos que sufren de problemas tales como exceso de timidez, baja autoestima, entre otros.

Así, se plantea que la adicción de las redes sociales puede generar consecuencias negativas tales como pérdida de las habilidades sociales, incapacidad para establecer relaciones sociales en la vida real, problemas emocionales, entre otros.

No obstante, este concepto ha sido ampliamente cuestionado, puesto que, tal como veremos más adelante, el abuso de estas plataformas estaría siendo incluido dentro de la categoría de los trastornos mentales, lo que conlleva importantes consecuencias.

¿El uso inadecuado de las redes sociales es realmente una adicción?

Las adicciones representan un trastorno mental en el que las personas se involucran en el uso de una sustancia o en comportamientos, a partir de los cuales obtienen beneficios gratificantes inmediatamente, lo que genera una motivación para ingerir la sustancia o poner en marcha el comportamiento, obviando las consecuencias negativas asociadas a ello.

Así, las adicciones pueden involucrar el uso de sustancias como el alcohol, la nicotina o los opiáceos, además de comportamientos tales como apostar.

Al respecto, se ha evidenciado que la principal característica neurobiológica en las adicciones es la activación intensa y repetida de las vías cerebrales asociadas a la recompensa y al refuerzo, las cuales funcionan principalmente a partir de un neurotransmisor llamado dopamina.

En este punto, es importante aclarar que las adicciones se corresponden con el campo de la Psiquiatría, por lo que su diagnóstico debe hacerse por un profesional certificado, sobre la base de planteamientos científicos.

De hecho, la Sociedad Americana de Psiquiatría define las adicciones como enfermedades crónicas de recompensa cerebral caracterizadas por la capacidad de abstenerse de la sustancia o el comportamiento implicados, lo que deteriora el funcionamiento de la vida cotidiana.

En este sentido, algunos de los criterios a tener en cuenta para hacer el diagnóstico de una adicción incluyen la dependencia y tolerancia a nivel biológico, así como el anhelo de consumir la sustancia o poner en marcha el comportamiento en cuestión, a pesar de las consecuencias negativas asociadas a ello.

Respecto al tema de la adicción a las redes sociales o, también llamada, adicción a internet, la Sociedad Americana de Psiquiatría no la considera como un trastorno mental o del comportamiento. De hecho, este diagnóstico no existe en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), texto básico a la hora de diagnosticar algún tipo de trastorno mental.

Si bien figura como una condición sujeta a estudios posteriores para su potencial inclusión, aún no existe consenso en torno a los criterios específicos que deban cumplirse para considerar que este comportamiento sea una adicción.

Muchos investigadores especializados en el tema plantean que la mayoría de los informes sobre el fenómeno son anecdóticos, por lo que llama la atención la escasez de investigación científica que valide este concepto. Más bien, numerosas investigaciones han demostrado que para la mayoría de los usuarios no sería tan difícil abandonar el uso de las redes sociales; a lo sumo, de acuerdo a un estudio reciente, el 51% de los jóvenes lo encontrarían como una experiencia difícil.

Igualmente, se ha observado que muchas personas suelen tomar descansos de las redes sociales, además de que se ha incrementado el número de personas que cierran definitivamente sus redes sociales sin ningún problema en particular.

En la misma línea, las adicciones tienen bases biopsicosociales con una predisposición genética e interacciones en las estructuras cerebrales asociadas a la recompensa; no obstante, no se ha observado este patrón con respecto al abuso de las redes sociales. Adicionalmente, si bien el abuso de las redes sociales se ha correlacionado con ansiedad, depresión y hasta suicidio, aún no se han establecido relaciones causales.

Por su parte, es preocupante la tendencia actual de considerar, de forma inescrupulosa, cualquier comportamiento como un trastorno mental.

Al respecto, debemos tener en cuenta que la tipificación de los trastornos mentales ha sido sumamente cuestionada, pues se basa principalmente en estadísticas y síntomas comunes, más que en criterios biológicos u orgánicos. Por ejemplo, debemos considerar que hasta el año de 1973, la homosexualidad, según los manuales diagnósticos de trastornos mentales más reconocidos, se consideraba una enfermedad psiquiátrica.

Ni qué decir de los cuestionamientos en torno a diagnósticos como el trastorno por déficit de atención, que también ha sido objeto de numerosas críticas por parte de profesionales especializados en el campo.

Por tanto, además de que no existe un diagnóstico psiquiátrico tal como “adicción a las redes sociales”, de existir, sería bastante cuestionable, tal como ocurre con la reciente inclusión de una categoría diagnóstica de “adicción a los videojuegos” en el DSM-V.

Con todo esto no se pretende negar que el uso excesivo e inadecuado de internet y de las redes sociales sea un problema relevante, ya que, efectivamente, pueden existir casos en los que el uso de las redes sociales signifique un deterioro en la vida de los usuarios.

El objetivo es hacer ver que el abuso de las redes sociales no puede ser tratado como una adicción, pues esto entra dentro de la categoría de los trastornos mentales, lo que, como veremos, implica una serie de consecuencias bastante relevantes.

¿Cuáles son las implicaciones de considerar el uso inadecuado de las redes sociales como una adicción?

El temor en torno a la supuesta adicción a las redes sociales puede ocasionar que se implanten rígidas restricciones respecto al uso de internet.

Hace poco, los directivos de Facebook y Twitter tuvieron que presentarse ante el Comité de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos para discutir sobre los intentos de utilizar las redes sociales para manipular elecciones, promover noticias falsas y sembrar discordia entre los ciudadanos.

Durante este proceso, los senadores se mostraron preocupados por el tema de la adicción a las redes sociales. De esta manera, se pone sobre la mesa la posibilidad de imponer regulaciones y restricciones sobre el uso de internet y las redes sociales para evitar las consecuencias negativas asociadas a estas plataformas.

Así, estas regulaciones pueden terminar coartando el derecho a la libertad de expresión, así como también a la libertad de prensa y la libertad de asociación. En este sentido, el temor hacia la adicción a las redes sociales puede alcanzar niveles similares a la preocupación actual respecto a la adicción a los opiáceos, lo que puede terminar satanizando dichas plataformas.

Adicionalmente, al hablar de adicciones, se hace referencia a un trastorno mental, lo que hace susceptibles a las personas que usan regularmente las redes sociales de numerosos prejuicios.

Para nadie es un secreto que los trastornos mentales están mitificados, por lo que, en torno a ellos, sobre la base de la ignorancia, se ciñen innumerables estereotipos y prejuicios a partir de los que se juzga a las personas diagnosticadas con ellos.

Por tanto, antes de que los usuarios asiduos de las redes sociales terminen siendo víctimas de prejuicios por supuestas enfermedades mentales o se coarten derechos a partir de regulaciones estrictas, perjudicando a miles de personas, es importante aprender a usar con precisión los términos.

De esta manera, lo más conveniente parece ser dejar de hablar de adicción a internet o a las redes sociales y tratar el fenómeno como un problema de uso inadecuado de estas plataformas.

En conclusión, bajo ningún concepto es posible negar la existencia de un problema en torno al uso inadecuado de las redes sociales, pues es evidente que esto representa una dificultad para miles de usuarios de estas plataformas a lo largo del planeta.

Más bien, la invitación es a dejar de lado la idea de que este problema se corresponde con un trastorno mental, ya que esto trae consecuencias negativas, tanto a nivel individual, tales como los prejuicios que se ciñen en torno a las personas con este problema, como a nivel global, ya que, por temor a las consecuencias negativas asociadas a una supuesta adicción, pudiesen imponerse rígidas restricciones que coartarían con los derechos de miles de personas.

Referencias:

  1. Online Social Networking and Addiction—A Review of the Psychological Literature. https://www.doi.org/10.3390/ijerph8093528
  2. Internet addiction disorder: Hype, a myth. https://www.doi.org/10.4103/0019-5545.192000
  3. Social network addiction : a new clinical disorder?. https://doi.org/10.1016/S0924-9338(10)70846-4

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