Un hongo mortal ha asolado constantemente a la población de anfibios del mundo desde la década de 1980, pero puede haber algunas buenas noticias.

Un estudio muestra que algunas especies de ranas en Panamá han demostrado una recuperación constante en sus poblaciones desde que el hongo Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), también conocido como quitridio, llegó al país en el año 2004.

Graves descensos poblacionales

En el año 1999, los investigadores vincularon las muertes de anfibios, principalmente ranas, a cepas específicas del hongo que ataca la piel de los animales. Las ranas usan la piel para respirar, y el daño causado por la infección fúngica puede interrumpir esta función y causar la muerte.

Las ranas tienen un mecanismo de defensa contra este tipo de enfermedades pero el hongo es tan fuerte que supera sus defensas.

Si bien las ranas tienen un mecanismo de defensa contra este tipo de enfermedades y secretan péptidos antimicrobianos que esencialmente sirven como un tipo de sistema inmunológico para la piel, el hongo es tan fuerte que supera las defensas de las ranas.

El resultado ha sido que muchas especies de ranas, incluidas ranas payaso (Atelopus varius) y ranas cohete comunes (Colostethus panamansis), han experimentado graves descensos en la población. Las ranas payaso, por ejemplo, ahora están en peligro crítico de extinción, en gran parte debido al hongo quitridio.

Resistencia evidenciada

Un equipo de investigadores de la Universidad de Maryland realizó un estudio de campo en El Copé, Panamá, entre 2010 a 2014 para examinar el grado de Bd en la población, compuesto principalmente de especies de ranas.

Los investigadores descubrieron que nueve de las doce especies de ranas en Panamá, de las que tienen buena información, han mostrado un notable rebote en sus números poblacionales.

Al principio, asumieron que el hongo podría estar debilitándose de alguna manera, pero cuando compararon las muestras recolectadas en 2014 con muestras del hongo recolectado en 2004, cuando llegó al país centroamericano, el hongo apenas había cambiado.

Los resultados del estudio brindan un atisbo de esperanza para las poblaciones de anfibios que persisten frente a la amenaza que representa el mortal hongo.

Obviamente algo estaba pasando con las ranas mismas. Los investigadores recolectaron ranas de áreas donde el hongo ha diezmado las poblaciones, así como descendientes de ranas criadas en cautividad desde antes de 2004.

Expusieron a ambos grupos al hongo, y encontraron que las ranas que vivían en Panamá podían combatir mejor el hongo.

Sobrevivencia comprometida

La investigadora Graziella V. DiRenzo, académica en el Departamento de Biología en la Universidad de Maryland y coautora del estudio, explicó:

 “Los resultados del estudio brindan un atisbo de esperanza para las poblaciones de anfibios que persisten frente a la amenaza que representa el hongo, pero no significa que las poblaciones de anfibios se recuperarán al nivel que tenían antes de que el hongo apareciera en el corto plazo, o que la estructura del ecosistema no se haya visto comprometida.”

Si bien es una buena noticia que las ranas evolucionen para combatir el hongo, puede tratarse de un proceso lento, quizás demasiado lento para que sobrevivan las especies, especialmente si el propio hongo acaba evolucionando contra estas nuevas secreciones.

Los autores del estudio resaltan que, incluso si las ranas sobreviven al hongo, hay muchas otras amenazas con las cuales lidiar, como la pérdida de hábitat y el cambio climático, que también contribuyen a la reducción de las poblaciones de ranas y la diversidad genética.

Referencia: Eco‐evolutionary rescue promotes host–pathogen coexistence. Ecological Applications, 2018. Doi: 10.1002/eap.1792

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