Tras hacerse públicos los informes que revelan la intervención de Rusia en las elecciones de 2016 en EE.UU, las ‘noticias falsas’ difundidas a través de las redes sociales han estado a la orden del día tanto en la prensa como en la boca de los reguladores. Cuentas falsas, trolls, anuncios con contenido ofensivo, etc., son solo algunos de los métodos para llevar confusión y división a la población en momentos cruciales como unas elecciones presidenciales.

Por su carácter noticioso, Twitter es una de las plataformas que más propensa ha sido a la difusión de este tipo de contenido, y pese a sus esfuerzos de eliminar la ola desinformativa que busca influir en las decisiones de las personas, un nuevo estudio revela que la red social aún está plagada de noticias falsas.

El estudio, llevado a cabo por la organización sin fines de lucro Knight Foundation, determinó que más de un 80 por ciento de las cuentas utilizadas para difundir noticias falsas durante las elecciones de 2016 en EE.UU todavía están activas. Según Matthew Hindman, profesor de la Universidad de George Washington y coautor del informe, el total de tweets publicados por estas cuentas diariamente asciende a más de 1 millón.

Para llevar a cabo la investigación, Hindman y sus colaboradores analizaron cerca de 700,000 cuentas de Twitter vinculadas a más de 600 plataformas o sitios web desinformativos o promotores de teorías conspirativas. Para determinar que estas cuentas aún estaban disponibles, los investigadores hicieron una comparativa entre las cuentas activas semanas antes de las elecciones de 2016 y las que enviaron tweets desde marzo hasta abril de 2017.

Posteriormente, revisaron las mismas cuentas en septiembre de 2017, luego de las medidas de Twitter que ocasionaron la prohibición de la cuenta de Alex Jones, director de Infowars, y determinaron que todavía las cuentas estaban operativas y contribuyendo a la desinformación.

Por su parte, Del Harvey, vicepresidente global de confianza y seguridad de Twitter, declaró a la prensa que los hallazgos del estudio no son correctos, ya que el hecho de que se accediera a los datos mediante la interfaz pública de la plataforma, hacía imposible para los investigadores determinar en qué momento Twitter evitó que los usuarios vieran el contenido no deseado.

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