A todos nos ha pasado alguna vez que, justo en lo que encontramos el tiempo libre para poder ver una película, nos enfrentamos a un sinnúmero de opciones que terminan paralizándonos, haciendo que seamos incapaces de tomar una decisión.

Así, nuestra vida se basa en tomar decisiones que van desde la marca de los alimentos que consumimos, la ropa que usaremos para determinadas situaciones hasta la del centro académico donde llevaremos a cabo nuestros estudios.

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En este sentido, cuando nuestras opciones son limitadas, no hay mayor dificultad a la hora de tomar una decisión.

Sin embargo, cuando hay muchas opciones a elegir, la situación se complica, como cuando vamos a un restaurante con una oferta de alimentos muy variada y, ante tantas posibilidades, terminamos escogiendo lo mismo de siempre.

No es indecisión, es sobrecarga de información

Esta sensación de bloqueo o paralización a la hora de tomar una decisión frente a múltiples opciones, se conoce como sobrecarga de información.

Este fenómeno fue estudiado por primera vez hace una década a partir de un experimento en el que se les ofrecieron distintas opciones de mermelada a los clientes de un establecimiento de venta de alimentos.

En el experimento original, en algunas oportunidades se ofrecían 24 opciones distintas, mientras que, en otros casos, solo se ofrecían 6 sabores de mermelada.

De esta manera se observó que cuando se ofrecían 24 sabores de mermelada, más clientes se acercaban; sin embargo, eran pocos los que realmente compraban el producto.

Por su parte, cuando solo había 6 opciones de sabores de mermelada, si bien menos personas se acercaban a la mesa, las probabilidades de que comprasen el producto eran 10 veces mayores.

Así, se concluyó que cuando las personas tienen múltiples opciones a elegir, el proceso de toma de decisiones se hace más complejo, por lo que se produce una especie de bloqueo que interfiere con la elección.

Tal como cuando pasamos horas viendo la oferta de películas en Netflix y somos incapaces de escoger alguna.

Mecanismos cerebrales asociados a la toma de decisiones

Sobre este tema, recientemente, un equipo de investigadores se propuso determinar cuáles son las estructuras cerebrales que se encargan de este proceso, además de los mecanismos neurológicos asociados.

Para ello, le solicitaron a un grupo de participantes que escogiesen el estampado que sería impreso en una taza de uso cotidiano.

Así, mientras unos participantes del grupo experimental recibieron un muestrario que contenía 6 opciones, otras personas recibieron muestrarios de 12 o 24 opciones respectivamente.

Igualmente, mientras la decisión era tomada, los participantes fueron sometidos a una resonancia magnética funcional.

Por su parte, los participantes del grupo control recibieron las mismas muestras; no obstante, no se les solicitó que tomaran ninguna decisión, ya que se les informó que esto lo haría una computadora de forma aleatoria.

De esta manera, se observó que, al momento de tomar la decisión, se activaron dos estructuras cerebrales: la corteza cingulada anterior, encargada del análisis de  las ventajas y desventajas de una decisión, y el cuerpo estriado, asociado a la elección de opciones en función de recompensas.

Específicamente, la mayor activación en estas zonas fue observada cuando los participantes debían seleccionar entre 12 opciones, pues se observaba una actividad más débil cuando eran 6 o 24 opciones.

Teniendo esto en cuenta, los investigadores concluyen que la activación cerebral depende del esfuerzo que se necesita para lograr una buena recompensa, tal como lograr una taza con un bonito estampado.

A medida que aumentan las opciones, es más difícil tomar una decisión

Siguiendo los resultados de la investigación, cuando se tiene que elegir entre pocas opciones, no hay muchas alternativas para obtener una buena recompensa.

Por su parte, a medida que aumentan las alternativas,  aumentan las probabilidades de escoger una muy buena y lograr una recompensa.

No obstante, cuando el número de opciones es excesivo, no hay una mejoría real en las probabilidades que compense una mayor inversión de esfuerzo en tomar la decisión.

Más bien, al aumentar las opciones a elegir, se hace más pronunciada la sobrecarga de información.

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Por tanto, se produce una especie de bloqueo o interferencia, que nos impide hacer una elección.

Finalmente, los investigadores plantean que los mejores resultados, a la hora de tomar decisiones, implican entre 8 y 15 opciones, dependiendo de las recompensas asociadas.

Referencia: Choice overload reduces neural signatures of choice set value in dorsal striatum and anterior cingulate cortex, (2018). https://doi.org/10.1038/s41562-018-0440-2

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