El futuro de Tesla pasó por una montaña rusa de reacciones hacia finales de esta semana, luego de que la Comisión de Bolsa y Valores demandara por fraude a su director ejecutivo, Elon Musk,  como consecuencia de una serie de tweets publicados en su cuenta oficial de Twitter en los que el empresario aseguraba que estaba listo para privatizar la compañía.

Horas después, los abogados de Musk y de la Comisión trataron de llegar a un acuerdo que eximía al ejecutivo de culpas pero con una serie de implicaciones que iban más allá de una multa. Al firmar dicho acuerdo, Musk debía retirarse como director ejecutivo de Tesla por dos años, y la compañía debía nombrar a dos nuevos directores.

A pocos minutos de firmar el acuerdo, Musk se retractó por “no ser honesto consigo mismo” y porque no hubiera podido vivir “con la idea de que accedió a aceptar un acuerdo y cualquier daño asociado”.

Pero a pesar de que el CEO destacara que nunca comprometería su integridad y que estaba absolutamente consciente de lo que dijo, la historia resultó en que finalmente Musk cedió.

Elon Musk firmó el acuerdo con la Comisión, bajo ciertas condiciones, claro está. El ejecutivo seguirá siendo el director ejecutivo de Tesla, pero deberá separarse de su cargo como presidente de la compañía y no podrá postularse para ese cargo durante un periodo de tres años.

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Penalidades impuestas por la Comisión

Entre las otras sanciones impuestas por la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos, Tesla deberá nombrar a dos nuevos directores y crear un comité de directores independientes, así como establecer nuevas directrices comunicacionales a seguir por la compañía.

Como habíamos mencionado –aunque no se conocía el monto establecido– tanto Musk como la compañía deberán pagar una multa de 20 millones de dólares, los cuales servirán para compensar los daños financieros de los accionistas provocados por el anuncio de Musk.

¿Qué hizo cambiar de opinión a Musk? Tal como mencionamos en una publicación anterior, si la demanda por fraude llegaba a llevarse a cabo, le podía impedir al ejecutivo dirigir una empresa que cotice en la bolsa, además de afectar seriamente su reputación, lo cual representaba una considerable reducción de la confianza de los potenciales inversionistas no solo de Tesla, sino también de Space X –empresa que también maneja–, así como otras empresas e iniciativas.

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