Cuando una persona experimenta un trauma y siente que la vida le ha vencido, pierde la esperanza, lo que, de acuerdo a una investigación reciente, puede conducir a la muerte.

Es lo que se conoce como muerte psicógena, concepto propuesto por el Doctor John Leach, un investigador de la Universidad de Portsmouth.

A este respecto, tras estudiar el fenómeno, Leach ha propuesto las etapas y los marcadores clínicos que caracterizan a la muerte psicógena.

Esto es lo que puede ocurrir al perder la esperanza

Al experimentar una situación traumática, una persona puede sentirse completamente derrotada, por lo que pierde la esperanza y empieza a creer que la muerte es la única solución.

Si esto no cambia, luego de tres semanas, puede ocurrir el fallecimiento.

Sin embargo, es necesario aclarar que la muerte psicógena no puede reducirse al suicidio o a la depresión, sino al acto de renunciar a la esperanza y dejar de luchar por la vida, tras sufrir un trauma grave.

Así, la muerte psicógena ocurre en cinco etapas en las que el declive psicológico es progresivo; veamos cuáles son estas etapas:

Primera etapa: Abstinencia social

Esta etapa suele presentarse justo después de la situación traumática, ante lo que las personas se retraen y son incapaces de expresar o sentir cualquier tipo de emoción.

Asimismo, los niveles de apatía e indiferencia de las personas en esta etapa pueden ser tan elevados que corren el riesgo de parecer egocéntricos.

En líneas generales, durante esta etapa, las personas adoptan un estilo pasivo, evitando interactuar con quienes les rodean, aislándose y evitando compromisos emocionales externos.

Segunda etapa: Apatía

La principal característica de esta etapa es una especie de muerte emocional; en este momento, las personas dejan de interesarse hasta por los aspectos más básicos de la vida, tal como la higiene personal.

Asimismo, puede producirse una especie de melancolía desmoralizadora junto a la pérdida de energía para realizar cualquier actividad.

En este momento, hasta las tareas más simples son percibidas como un objetivo inalcanzable.

Tercera etapa: Abulia

En esta etapa ocurre una gran pérdida de la motivación, acompañada por falta de iniciativa e incapacidad para tomar decisiones.

Ya para este momento, las personas entran en un estado inerte, negándose a hablar con los demás y entrando en un estado cada vez más introspectivo.

De esta manera, se pierden los hábitos de autocuidado y la alimentación se ve seriamente afectada.

La buena noticia es que en esta etapa es posible ayudar a las personas a mantenerse motivadas a partir de elementos externos; sin embargo, una vez que se retiran estas motivaciones externas, la persona vuelve a este estado inerte.

Adicionalmente, en esta etapa, las personas tienen dificultades para pensar con claridad, lo que se manifiesta a partir de pensamientos inconexos y carentes de sentido o a partir de la ausencia total de cualquier tipo de pensamientos.

Cuarta etapa: Acinesia psíquica

En este momento, la persona experimenta una apatía de tal profundidad que empieza a mostrarse insensible incluso ante el dolor extremo; de hecho, en esta etapa suele ocurrir la pérdida del control sobre los esfínteres.

Quinta etapa: Muerte Psicógena

En esta etapa, la persona sufre una especie de desintegración, dándose por vencido. Asimismo, esta etapa suele ocurrir entre 3 a 4 días después de la acinesia psíquica.

Justo en este momento, la persona puede experimentar un destello de vida de corta duración.

Cuando esto ocurre, puede parecer que se ha encontrado un objetivo por el cual luchar. Sin embargo, el objetivo es morir, lo que, en la mayoría de los casos, ocurre.

¿Por qué las personas mueren tras perder la esperanza?

Este fenómeno suele ocurrir con frecuencia en los prisioneros de guerra; de hecho, según el investigador, muchos prisioneros de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial murieron tras perder la esperanza.

Sobre esto, plantea que la muerte pudiese explicarse en función de cambios en un circuito cerebral ubicado a nivel frontal-subcortical, encargado de la conducta dirigida a metas.

Específicamente, el investigador plantea que los traumas severos pudiesen provocar el mal funcionamiento del circuito cingulado anterior, responsable de la motivación.

De esta manera, al perderse la motivación, las personas no tienen fuerza para enfrentar la vida.

Finalmente, Leach plantea que esto no es un fenómeno inevitable, por lo que es importante darle el acompañamiento necesario a las personas que están expuestas a altos niveles de sufrimiento y acudir a un profesional.

Referencia: ‘Give-up-itis’ revisited: neuropathology of extremis, (2018). https://doi.org/10.1016/j.mehy.2018.08.009

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