Muchas veces continuamos comiendo a pesar de estar saciados.

Muchas veces, a pesar de experimentar una sensación de saciedad, las personas continúan comiendo. Al respecto, tras estudiar los mecanismos celulares asociados al control de la alimentación, un equipo de investigadores descubrió que las células que impulsan la ingesta de comida, al ser estimuladas, sobrepasan las señales de las células que detienen la alimentación.

Adicionalmente, tras el experimento, se observó que este comportamiento de ingerir alimentos excesivamente puede ser bloqueado al administrar un fármaco que se dirige al sistema opioide natural del cerebro.

Células antagonistas controlan el apetito

El apetito es controlado por dos tipos de células cerebrales, denominadas POMC y AgRP, que se encuentran localizadas en el hipotálamo.

Estas células cerebrales son antagonistas; es decir, mientras que las neuronas POMC actúan como un freno del comportamiento alimentario, las células AgRP motivan esta conducta.

Teniendo esto en cuenta, un equipo de investigadores, dirigido por Huda Akil, un Profesor del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Michigan, se dedicó a estudiar la relación entre estos tipos de células.

Para ello, estimularon ambas células al mismo tiempo en un grupo de ratones, lo que pudiese ser interpretado como presionar el freno y el acelerador de forma simultanea del comportamiento alimentario.

Al hacerlo, se observó que las señales de continuar comiendo, provenientes de las células AgRP, superaron las señales de dejar de comer de las células POMC, lo que parece explicar por qué a pesar de no tener hambre, las personas continúan comiendo.

Posteriormente, emplearon una técnica distinta que les permitió estimular únicamente las neuronas POMC, lo que se tradujo en una reducción rápida y significativa del consumo de alimentos.

Adicionalmente, teniendo en cuenta que ambas células activan el sistema opioide natural del organismo, los investigadores le administraron naloxona a los ratones, un antagonista de los receptores opioides a nivel cerebral, a fin de determinar sus efectos sobre la conducta alimentaria.

De esta manera, se observó que la administración del fármaco permitió reducir la ingesta de alimentos.

Esto que sugiere que el sistema opioide del cerebro está relacionado con el deseo de ingerir más alimentos de los que realmente se necesitan.

¿Por qué seguimos comiendo aunque estemos saciados?

Al analizar los resultados, los investigadores sugieren que las señales de saciedad no son lo suficientemente poderosas como para detener el impulso de comer.

En este sentido, es posible afirmar que el fenómeno tiene una base evolutiva, de cuando nuestros antepasados atravesaban períodos críticos de hambruna.

Adicionalmente, es necesario tener en cuenta otros factores que se involucran en la experiencia humana, tal como la excesiva disponibilidad de alimentos de gran carga calórica, y la asociación entre las interacciones sociales y el comportamiento alimentario.

Por tanto, además de que las personas están expuestas a fuertes señales que les invitan a seguir ingiriendo alimentos, a pesar de no tener hambre, las células encargadas de frenar el comportamiento alimentario no emiten señales lo suficientemente fuertes, ya que son sobrepasadas por las células encargadas del apetito.

Finalmente, los investigadores explican que comprender el funcionamiento de este mecanismo pudiese favorecer el desarrollo de estrategias de tratamiento para trastornos alimenticios y metabólicos, como la obesidad y los atracones de comida.

Referencia: Uneven balance of power between hypothalamic peptidergic neurons in the control of feeding, (2018). https://doi.org/10.1073/pnas.1802237115

Más en TekCrispy