Teniendo en cuenta que el intestino humano tiene más de 100 millones de neuronas, se considera que es nuestro segundo cerebro.

De hecho, el intestino y el cerebro se comunican de forma eficaz, a partir de hormonas que, al ser liberadas en el torrente sanguíneo, transportan información respecto a los niveles de apetito.

Sin embargo, gracias a una investigación reciente, se ha descubierto que la conexión entre el intestino y el cerebro es mucho más directa de lo que se pensaba.

Conexión directa entre el intestino y el cerebro

Créditos: Nicolle R. Fuller/Science Source.

Este descubrimiento estuvo a cargo de Diego Bohórquez, un neurocientífico la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, mientras estudiaba las células enteroendocrinas.

Las células enteroendocrinas se localizan en el revestimiento del intestino produciendo neuronas que estimulan la digestión y regulan el apetito.

Al observarlas, se descubrió que estas células tienen unas protuberancias similares a las sinapsis que permiten la comunicación entre las neuronas.

Por tanto, los investigadores se preguntaron si estas células, además de encargarse de la producción de hormonas, podían comunicarse con el cerebro a partir de señales eléctricas, tal como las neuronas.

Así, para investigar esto, los científicos administraron un virus fluorescente de la rabia en el colon de un grupo de ratones, ya que este es transmitido a partir de las sinapsis neuronales.

De esta manera, se observó que las células enteroendocrinas empezaron a iluminarse, enviando señales eléctricas a través del nervio vago hasta el tronco encefálico.

Posteriormente, las células enteroendocrinas fueron analizadas individualmente, a partir de lo que se observó que formaban conexiones sinápticas con las neuronas del nervio vago.

Aún más, se descubrió que estas células expulsaban glutamato, un neurotransmisor relacionado a los sentidos del gusto y del olfato.

Por lo tanto, los investigadores sugieren que las células enteroendocrinas pueden considerarse como neuronas vagales.

¿Cuáles son las implicaciones de este descubrimiento?

Una de las características más relevantes de esta vía de comunicación nerviosa entre el cerebro y el intestino es la rapidez con la que se transmiten los mensajes.

Así, se observó que las señales nerviosas viajan en 100 milisegundos. De acuerdo a los investigadores, esto es mucho más rápido de lo que las hormonas viajan desde el intestino hasta el cerebro a través del torrente sanguíneo.

En este sentido, se plantea que la lentitud de las respuestas hormonales parece estar relacionada con diversos problemas de alimentación.

Al respecto, para nadie es un secreto que el mal funcionamiento intestinal está relacionado a innumerables enfermedades, tales como trastornos alimentarios, obesidad, diabetes, depresión y autismo.

Por lo tanto, estos hallazgos pudiesen traducirse en el desarrollo de nuevos tratamientos para estos padecimientos.

Finalmente, los investigadores se han propuesto continuar la línea de investigación estudiando si a través de esta vía de comunicación se transmite información respecto al valor nutricional y calórico de los alimentos que se ingieren.

Referencia: The now and then of gut-brain signaling, (2018). https://doi.org/10.1016/j.brainres.2018.03.027

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