A pesar de lo que creemos, no percibimos la realidad tal como es; nuestro cerebro continuamente distorsiona la información, de forma que lo que percibimos, no siempre se corresponde con la realidad.

En este sentido, frecuentemente percibimos la realidad a partir de ciertos sesgos, determinados por nuestro cerebro, que influyen sobre la forma en la que recibimos y codificamos la información del entorno.

Así, uno de los sesgos más conocidos es el sesgo de confirmación, el cual, bien pudiera ser el responsable de una buena parte de nuestras equivocaciones.

¿Qué es el sesgo de confirmación?

El sesgo de confirmación es la tendencia de las personas a prestar mayor atención a la información que confirma sus creencias, en independencia de que estas sean verdaderas o falsas.

En otras palabras, cada vez que tomamos una decisión o nos formamos una opinión, solemos prestar más atención a la información que valida nuestras creencias, dejando de lado aquella que las refuta.

De esta manera, se crea una especie de visión de túnel, a partir del cual nuestro cerebro solo atiende a los datos que apoyan nuestras creencias e ignora el resto, reforzando nuestra convicción sobre ellas.

Investigadores ponen a prueba el sesgo de confirmación

A fin de determinar qué tanto poder tiene este sesgo para confirmar nuestras creencias y cuáles son sus límites, un equipo de psicólogos diseñó un experimento en el que le solicitaron a los participantes que observaran una pantalla en la que habían muchos puntos en movimiento.

Ante esto, los participantes debían determinar si el movimiento de los puntos iba en el sentido de las agujas del reloj o en la dirección contraria.

Posteriormente, luego de tomar la decisión, estas personas eran expuestas a otros puntos en movimiento sobre los cuales, nuevamente, debían indicar en qué dirección se estaban movimiento.

De esta manera se observó que cuando los participantes afirmaban en la primera tarea que los puntos se movían en una dirección particular, en las etapas siguientes tenían una mayor probabilidad de informar que los puntos continuaban moviéndose en la misma dirección.

Adicionalmente, se empleó otra tarea en la que los participantes debían estimar el promedio de una serie de números, indicando si consideraban que este era superior o inferior a 50.

Tras esto, se observó nuevamente que las decisiones iniciales servían como base para tomar las decisiones posteriores.

Nuestro cerebro filtra la información de acuerdo a las creencias previas

Teniendo esto en cuenta, los investigadores concluyen que el sesgo de confirmación funciona en independencia de lo relevantes que puedan ser las opiniones, ya que puede ocurrir, bien sea sobre algo tan importante como una elección presidencial o al indicar la dirección del movimiento de una serie de puntos.

Al respecto, se explica que, al tomar una decisión, nuestro cerebro filtra toda la información entrante, de forma que se hace énfasis en los datos que apoyan la elección y se minimiza la evidencia contraria.

En este sentido, el sesgo de confirmación gira en torno a un mecanismo selectivo a partir del cual se le da una posición preferencial a la información que confirma nuestras creencias previas.

Finalmente, siguiendo los resultados, se puede decir que esto representa un recordatorio de que no podemos confiar plenamente en lo que damos por sentado, pues, tal como vemos, nuestra percepción no siempre es totalmente apegada a la realidad.

Referencia: Confirmation Bias through Selective Overweighting of Choice-Consistent Evidence, (2018). https://doi.org/10.1016/j.cub.2018.07.052

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