Aproximadamente el 20% de los adultos en Estados Unidos sufren de dolor crónico, lo que se define como una sensación de dolor que persiste durante casi todos los días, por más de seis meses.

Así, el dolor crónico es un dolor que se prolonga por más tiempo de lo normal y que pierde el sentido normal de señal nociceptiva.

Lamentablemente, no hay un tratamiento totalmente efectivo para curar este padecimiento; sin embargo, se ha demostrado que los pacientes pueden responder favorablemente cuando son tratados con píldoras placebo.

No obstante, tal como lo demuestra una investigación reciente, el efecto placebo sobre el dolor crónico depende de ciertas características cerebrales y patrones de personalidad.

¿Qué es el efecto placebo?

Un placebo es una sustancia que carece de acciones curativas pero que produce efectos terapéuticos siempre y cuando los pacientes lo ingieran convencidos de que se trata de un medicamento verdaderamente eficaz.

En este sentido, se trata de sustancias que tienen el mismo aspecto y las mismas características que cualquier medicamento real, pero están compuestos de elementos inertes que carecen de principios activos.

Entonces, se entiende como efecto placebo a todas las consecuencias positivas y beneficiosas que se producen tras la ingesta de productos que realmente no tienen capacidad curativa.

De esta manera, a pesar de no tener un principio activo real, los placebos producen efectos neurobiológicos que se traducen en una reducción de los síntomas experimentados por el paciente.

No obstante, no todas las personas responden favorablemente a los placebos; por lo tanto, es importante identificar a las personas que son susceptibles al efecto placebo a fin de aprovechar al máximo los beneficios de este fenómeno.

Por ejemplo, en los pacientes con dolor crónico, esto pudiese significar tratamientos menos costosos y con menos efectos secundarios no deseados.

Adicionalmente, sería posible disminuir la incidencia del consumo de los peligrosos opioides, ya que estos son recetados frecuentemente para tratar dicho padecimiento.

Dolor crónico y efecto placebo

Para investigar esto, A. Vania Apkarian, de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, en Chicago, diseñó un experimento a partir del cual se identificaron ciertas características cerebrales y patrones de personalidad que pudiesen influir sobre el alivio producido por un placebo en pacientes con dolor crónico.

De esta manera, se trabajó con 68 participantes voluntarios con dolor crónico, de quienes se obtuvieron imágenes de sus estructuras cerebrales y se les aplicaron pruebas de personalidad.

Posteriormente, los participantes fueron asignados aleatoriamente a tres grupos; el primero de estos grupos no recibiría tratamiento, el segundo recibió un placebo y, finalmente, el tercer grupo recibió analgésicos reales.

No obstante, durante el tiempo que duró el experimento, ningún participante sabía qué clase de medicamento estaba ingiriendo realmente.

Así, 24 de los 43 participantes en el grupo placebo reportaron que la intensidad del dolor había disminuido, lo que representa una reducción del dolor en el 20% de la muestra.

En total, según lo reportado por los participantes del grupo placebo, la disminución del dolor alcanzó hasta un 33% durante el experimento.

Efecto placebo, dolor crónico, personalidad y estructuras cerebrales

Tras analizar las imágenes del cerebro de los participantes, se observó que el volumen entre los lados derecho e izquierdo del sistema límbico, estructuras encargadas de las emociones y del estado anímico, difería entre las personas que eran susceptibles al placebo y aquellos que no lo eran.

Asimismo, se encontraron diferencias importantes en cuanto a la cantidad de conexiones neuronales entre la corteza prefrontal y otras estructuras cerebrales entre los pacientes que experimentaron el efecto placebo y los que no.

Por su parte, de acuerdo a las evaluaciones de personalidad, los individuos que se beneficiaron del tratamiento placebo para el dolor crónico se caracterizaban por una mayor autoconciencia y ser más abiertos a nuevas experiencias.

De esta manera, los investigadores concluyen que las estructuras cerebrales y algunas variables de la personalidad pueden explicar las diferencias en torno a la capacidad de algunas personas de experimentar el efecto placebo y aquellas a las que les resulta imposible.

Finalmente, de acuerdo a los expertos, se hacen necesarias más investigaciones a fin de determinar de qué depende el efecto placebo y cómo puede aprovecharse este fenómeno en diferentes condiciones asociadas al dolor.

Referencia: Brain and psychological determinants of placebo pill response in chronic pain patients, (2018). https://doi.org/10.1038/s41467-018-05859-1

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