Uno de los problemas más recurrentes dentro del espacio descentralizado es la ciberseguridad. Especialmente desde finales del 2017, los índices de cibercriminalidad se han disparado a una velocidad asombrosa y no sólo de parte de individuos o grupos pequeños, sino de bandas organizadas o terroristas.

En un reporte reciente del director de análisis de la “Fundación para la Defensa de la Democracia y Sanciones hacia las Finanzas Ilícitas”, Yaya Fanusie, destacó que en varias oportunidades grupos terroristas de reconocimiento internacional han tratado de hacerse con financiamientos en criptomonedas, pero han fallado.

Como parte de las declaraciones que Fanusie dio a la revista Forbes, según el estado islámico, las criptomonedas son una manera pobre de obtener fondos, pues en la mayoría de las localidades de la región, los comerciantes sólo aceptan efectivo, debido a una enorme falta de implementaciones tecnológicas. Por ello, grupos como Al-Qaeda han fallado en sus múltiples intentos.

Asimismo, el director de la fundación afirmó que un grupo conocido como Mujahideen Shura Council (MSC) intentó recaudar contribuciones en el 2016 por medio de monedas digitales, pero sólo logró obtener un total de $500 dólares, tras varias semanas de espera.

Por su parte, aconsejó a las agencias gubernamentales de los Estados Unidos a invertir esfuerzos en investigar las transacciones efectuadas con criptomonedas en dichos territorios, a fin de prevenir y detectar cualquier acción de financiamiento hacia terroristas internacionales, poniendo una particular atención a las monedas digitales enfocadas en el anonimato, como Monero:

Al prepararse ahora para que los terroristas aumenten el uso de criptomonedas, los EE. UU. pueden limitar la capacidad de convertir los mercados de divisas digitales en un santuario para las finanzas ilícitas.

Pese a las fallas del crimen organizado, recordemos que las criptomonedas, especialmente el bitcoin (BTC) ya han sido empleadas en múltiples ocasiones como alternativa de pago en comercios ilícitos en la Dark Web, por ejemplo, permitiendo la compra de estupefacientes, así como armas o incluso para financiar a grupos supremacistas de forma anónima.