La sensación de picazón, también conocida como prurito, no es de lo más agradable, pero evolucionó por una buena razón. Estirada, la piel cubre alrededor de 2 metros cuadrados, siendo el órgano más grande del cuerpo. Los órganos internos están protegidos por el sistema inmune, pero la piel es la primera línea de defensa y está expuesta a los elementos, por lo que tiene una forma única de lidiar con diferentes tipos de amenazas.

Donde hay un picor, hay un deseo de rascarse, muchas veces un deseo inconsciente. Es probable que este reflejo permitió a nuestros ancestros que vivían al aire libre, eliminar esas amenazas parasitarias y otros agentes irritantes como las espinas y los alérgenos.

De modo similar al bostezo, se piensa que la picazón es contagiosa. Somos animales sociales, por lo que ver a un compañero de tribu rascarse, podría habernos dado una ventaja para deshacernos de esos parásitos.

Comprensión incompleta

Pero, ¿qué sucede dentro de nuestros cuerpos que hace sentir la picazón diferente de otras sensaciones como la presión o el calor? Resulta que todavía no conocemos todas las piezas del rompecabezas de la picazón.

Hasta hace una década, los científicos pensaban que la picazón era sólo una versión menos marcada y menos intensa del dolor. Cuando algo entra en contacto con la piel, las terminaciones nerviosas en la epidermis, la capa más externa de nuestra piel, transmiten esta información a través de mensajes electroquímicos a la columna vertebral y el cerebro.

Distintos estímulos activan diferentes vías nerviosas y provocan sensaciones diferentes en nuestro cerebro. Actualmente sabemos que hay un circuito especial específico del prurito en nuestro sistema nervioso, que involucra sus propios productos químicos y células.

Los neurotransmisores  tienen la respuesta

La respuesta universal a la picazón es rascarse y es una acción que ofrece un gran alivio, lo que resulta curioso ya que rascarse es técnicamente una forma de dolor.

Rascarse causa una señal de dolor de bajo nivel en el cerebro que enmascara y anula la señal de picor, que es la razón por la que dar palmadas, pellizcar y presionar las regiones con picazón son acciones que también proporciona alivio.

El cerebro responde al dolor activando la liberación de sustancias químicas en el sitio irritado, lo que atenúa la sensación de dolor. Una de esas sustancias químicas proveedoras de alivio es la serotonina, un neurotransmisor. Pero esa serotonina también facilita que la señal de prurito se vuelva a activar nuevamente.

Así que los nervios de la comezón se disparan nuevamente y sientes aún más picazón. Los científicos llaman a este ciclo constante de picor y rascado del “ciclo de rascado” y puede ser enloquecedor.

Las dolencias causadas por la picazón han sido documentadas a lo largo de la historia, y los humanos han encontrado formas bastante ingeniosas de encontrar alivio.

Los griegos y los romanos tomaban baños minerales y se untaban grasa animal; los persas usaban plata y en la china ancestral el mentol calmó la piel con picazón. En la actualidad contamos con anestesias, contrairritantes, antihistamínicos y cremas con esteroides, entre otros; pero desafortunadamente, dado que la picazón puede ser causada por tantas cosas, no existe un remedio único.

Referencias:

The Cells and Circuitry for Itch Responses in Mice. Science, 2013. https://doi.org/10.1126/science.1233765

A systems approach for discovering linoleic acid derivatives that potentially mediate pain and itch. Science Signaling, 2017. https://doi.org/10.1126/scisignal.aal5241

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