El pasado miércoles fue publicado un artículo en The New York Times (NYT), donde un funcionario de alto perfil del gabinete de Trump denunció una aparente crisis de liderazgo en la Casa Blanca, catalogando al mandatario de impulsivo e inmoral. Además, el artículo anónima menciona que los funcionarios allegados a Trump están desplegando esfuerzos para evitar que el presidente ‘estropee las cosas’.

Sin embargo, lo que más ha llamado la atención en la comunidad tecnológica con respecto a este caso, es que entre la gran cantidad de personas y organizaciones que han revelado sus posibles teorías sobre la identidad del autor de la publicación, ha figurado WikiLeaks, la organización que una vez aseguró proteger las fuentes anónimas.

De hecho, WikiLeaks publicó en su cuenta de Twitter que ha realizado un análisis estadístico sobre el lenguaje utilizado por el autor de la publicación que deja en evidencia a Trump, pero los resultados que ha divulgado han sido más objeto de burla que el mismo hecho de que esta organización esté revelando fuentes anónimas.

El engorroso proceso de análisis estadístico utilizado por WikiLeaks, donde destaca el uso de la estilometría, o análisis de textos a través de sistemas automáticos para determinar el responsable de escribir el artículo, no arrojó un resultado positivo. La organización, conocida por difundir información secreta sobre denunciantes, ahora ha dicho que el autor es probablemente un hombre mayor y conservador.

El tweet de WikiLeaks ha sido ridiculizado en Internet, ya que además de ser ambiguo, no reduce el grupo de autores potenciales. Una gran mayoría de usuarios de la red social han arremetido contra la obviedad de WikiLeaks, asegurando que su análisis no refleja nada, ya que la totalidad de los hombres que pertenecen a la administración Trump son mayores y conservadores.

Por otra parte, una publicación de The Washington Post reveló que los asistentes del presidente están investigando métricas para analizar los patrones lingüísticos del escritor para delatarlo. CNN contribuyó con más ‘leña al fuego’, publicando una lista con 13 sospechosos de escribir el artículo, entre los que destacan el vicepresidente de EE.UU, Mike Pence, quien posteriormente negó ser el autor.

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