En el campo de estudio de la memoria, las investigaciones suelen centrarse en nuestra capacidad de guardar recuerdos, dejando de lado el olvido como objeto de estudio.

En este sentido, a pesar de que olvidar es un proceso crucial para la salud mental y el bienestar, la mayoría de las investigaciones se centran en la formación de recuerdos.

No obstante, un equipo de investigadores provenientes de la Universidad Ruhr de Bochum, en Alemania, ha identificado las bases neurológicas del olvido voluntario.

Así borramos los recuerdos a nivel cerebral

Para comprender el funcionamiento cerebral subyacente al olvido, los investigadores registraron la actividad cerebral de 22 pacientes epilépticos que tenían implantes eléctricos en el cerebro, para tratar la enfermedad.

En tanto se registraban estos datos, los investigadores les presentaron a los participantes una serie de palabras, de las cuales unas debían ser recordadas, mientras que otras debían ser olvidadas.

Así, mientras los participantes cumplían con los criterios de la tarea, se observó que, durante el olvido activo, se observaban cambios en la actividad cerebral en las zonas del hipocampo y en la corteza prefrontal.

Específicamente, se observó que las oscilaciones de frecuencia en la corteza prefrontal fueron más elevadas, alcanzando un rango Theta de entre 3 y 5 Hertz.

Por su parte, en el hipocampo, durante la tarea de olvido, se combinaron oscilaciones aumentadas a frecuencias más altas, representadas por entre 6 y 18 Hertz.

En este sentido, los investigadores afirman que, durante el olvido activo, la actividad a nivel del hipocampo, estructura cerebral estrechamente relacionada a la memoria, es regulada por la corteza prefrontal.

Esto quiere decir que, al olvidar, la corteza prefrontal cambia la frecuencia de funcionamiento del hipocampo, llegando incluso a suprimirla, de forma que la información que ha sido procesada, deje de estar codificada.

¿Qué implicaciones tiene este descubrimiento?

En rojo, se señala el hipocampo.

En síntesis, los investigadores, dirigidos por Carina Oehrn y Nikolai Axmacher, descubrieron que, cuando queremos olvidar intencionalmente algún recuerdo, cambian los patrones de activación de la corteza prefrontal y del hipocampo, por lo que estas serían las estructuras cerebrales responsables del proceso.

Particularmente, de acuerdo a los resultados, es la corteza prefrontal la que ejerce control sobre el funcionamiento del hipocampo, ajustando su actividad en la medida en la que se olvidan los recuerdos.

En este sentido, se plantea que, siendo la corteza prefrontal la estructura cerebral encargada de ejercer control sobre los procesos de memoria, sería posible el desarrollo de terapias que, a partir de estimulaciones específicas, permitan trabajar diversos trastornos.

En específico, los investigadores aseguran que, de ampliar el área de investigación en torno al olvido voluntario, sería posible sentar la base para el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas para tratar el Trastorno por estrés postraumático, cuya característica principal son los recuerdos vívidos que experimentan los pacientes en torno a la experiencia traumática.

Sin embargo, es necesario continuar investigando el fenómeno, además de probar los beneficios potenciales de esta estrategia en el futuro.

Referencia: Direct Electrophysiological Evidence for Prefrontal Control of Hippocampal Processing during Voluntary Forgetting, (2018). https://doi.org/10.1016/j.cub.2018.07.042

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