A finales del siglo XIX el científico alemán Georg Schmorl descubrió que durante el embarazo, algunas de las células del feto salen del útero, atraviesan la placenta y llegan al torrente sanguíneo de la madre, donde pueden permanecer hasta el resto de sus vida. Este fenómeno fue llamado microquimerismo fetal.

En la década de 1990, los científicos profundizaron en el fenómeno y encontraron las primeras pistas de que las células de los hijos e hijas pueden escapar del útero y diseminarse a través del cuerpo de la madre.

Células masculinas en cuerpos femeninos

Más recientemente, el interés en el fenómeno llevó a un equipo de patólogos en el Centro Médico de la Universidad de Leiden en los Países Bajos a llevar a cabo un experimento que podría parecer condenado al fracaso.

Los investigadores recogieron tejido de 26 madres de bebés varones que habían muerto durante o justo después del embarazo. Esencialmente, los científicos buscaban células masculinas en cuerpos femeninos, y su búsqueda fue increíble y sorprendentemente exitosa.

Estas células masculinas eran ciertamente poco comunes, sólo constituían aproximadamente una de cada 1.000 células. Pero las células masculinas estaban presentes en cada órgano que los científicos estudiaron: cerebro, corazón, riñón y otros.

Evaden y permanecen

El cuerpo de la madre elimina a la mayoría de estas células fetales circulantes poco después del embarazo. Pero algunas eluden el sistema inmune y pueden permanecer por largos períodos de tiempo en el cuerpo de la madre, incluso para el resto de su vida.

Saber cómo entran las células fetales en los tejidos de la madre es una cosa, pero cuál es el trasfondo de este fenómeno y cómo estas células fetales se las arreglan para permanecer en el cuerpo de la madre, sigue siendo tema de debate.

Una hipótesis sugiere la posibilidad que tal vez estas células fetales puedan beneficiar al bebé, al ayudar a la madre a proporcionarle recursos después del nacimiento.

La idea es que quizás las células podrían aumentar los niveles de hormonas maternas para procesos importantes posteriores al nacimiento, principalmente la lactancia.

Mucho por estudiar

Sin embargo, investigaciones sugieren que las células fetales pueden ser perjudiciales para la madre. Por ejemplo, algunos estudios autoinmunes o de cáncer han encontrado más células fetales en tejidos enfermos que en tejidos no afectados.

Pero los científicos no están seguros de si estas células están allí simplemente como espectadores, si son realmente dañinas o si están tratando de ayudar a reparar el tejido.

Tantas especulaciones y conjeturas son una fiel representación de una realidad: al microquimerismo fetal todavía le queda mucho por estudiar.

Referencias:

Georg Schmorl on trophoblasts in the maternal circulation. Placenta, 2007. https://doi.org/10.1016/j.placenta.2006.02.004

Tissue microchimerism is increased during pregnancy: a human autopsy study. Molecular Human Reproduction, 2015. https://doi.org/10.1093/molehr/gav047

Fetal microchimerism—what our children leave behind. Blood, 2003. https://doi.org/10.1182/blood-2003-09-3027

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